Tras la victoria ante el Málaga en Orriols (3-0) pocos se fijaron, pero Rubén aparecía cabizbajo en el círculo central al final del partido, mientras sus compañeros aplaudían sonrientes a la afición. El brasileño de Asturias había marrado una ocasión clara y después se desquició con el balón en los pies, tratando de compensar el error con urgencias y sin suerte. Este año está teniendo pocas oportunidades, ante el sensacional momento de forma de Barkero. Ayer volvió a ser feliz y su júbilo lo trasladó a una grada que volvió a “disfrutar” del clásico “patiment”. En el 93’ Rubén lanzaba un saque de falta desde 40 metros raso, seco y al palo y ponía el 3-2 en el marcador para matar un partido loco, encasquillado para los levantinos desde el primer minuto, y con ello situaba al Llevant, una semana más, como líder de Primera. Solo Madrid y Barça siguen su estela y el cuarto, el Valencia, ya está a 5 puntos.
El Llevant, sin embargo, no fue el equipo lúcido del Madrigal. De entrada, a los levantinos no les sienta bien jugar 3 partidos en 7 días. Faltó la frescura en la anticipación de otros días, especialmente en defensa. Y esa es la clave del sistema. Hay veces que un partido se enroca: el rival marca en su primera aproximación, tras un error de Munúa; todos los rebotes son para el contrario; el árbitro —lamentable ayer— pita cada falta en contra; tiemblan las piernas y emergen las imprecisiones, se siente la presión y cobra fuerza el estado de ánimo de que las cosas no van a salir bien. Se llama desquicio. A todo ello hay que añadir que la Real fue el mejor equipo contra el que han jugado los levantinos hasta la fecha y que mereció, cuanto menos, el empate.
Pero este Llevant está hecho de una pasta especial. Porque hasta en los días en que todo sale al revés, da la cara, se deja la piel y se reiventa sobre la marcha para hacer frente a cualquier obstáculo. Así lo reconoció una afición inmensa que, tras los primeros 45 minutos y con el 0-1 en el electrónico, despidió al equipo con una estruendosa ovación. La Real había estrellado dos balones en la madera, pero el Llevant también había generado ocasiones claras, amén de un penalty de libro no señalado sobre Koné, cuando encaraba a Bravo. Sin la fluidez de otros días, pero con el espíritu intacto. “Levante, Levante” era la banda sonora del Ciutat que trataba de levantar las cabezas gachas de los héroes.
Este equipo ha hecho un arte de la contención y el contragolpe, pero ayer no le quedó más remedio que mostrar su repertorio de argumentos ofensivos cuando tiene que jugar al ataque y tener la posesión y la iniciativa. Y también son muchos. En la segunda parte Barkero, Valdo y, sobre todo, Koné estuvieron espléndidos. El marfileño es un dechado de virtudes: baja el balón, reparte juego, asiste y, cuando ve la ocasión, encara la puerta. Acaba los partidos fundidos y es un profesional honrado hasta decir basta. Como tantos otros ha encontrado la felicidad en Orriols. Y corresponde con creces, sin duda. |