Sé que es contradictorio. Abogo racionalmente por nuestra capacidad de seducción, por los éxitos como el camino más corto para recuperar a nuestra afición; creo que tenemos un potencial brutal y, si seguimos haciendo las cosas bien, creceremos y llenaremos Orriols. Lo deseo. Pero no hoy. Hoy es un partido para levantinistas forjados. Ya me entienden. Para levantinistas incapaces de comerse el bocadillo en el descanso. Para los titanes que han sostenido al club durante nuestra última gran crisis. Para los 3.000 que desafiaron la humedad y el frío contra el Real Unión.
Estoy como un flan y no consentiré el comentario de ningún cenizo; mataré a quien ose silbar a “uno di noi”. Es un partido clave… y trampa. Se da por hecha la victoria, pero el Rayo tiene un equipazo y podrían atenazarnos los nervios, si las cosas se tuercen.
La cátedra de la grada levantina —“somos 5.000”—, el equipo, el entorno, los periodistas de la causa sabemos que está en juego una de las gestas más brillantes de nuestra historia. Una derrota nos devolvería al puto yunque y podría echar por la borda un trabajo de meses, labrado con esmero, sudando sangre por cada punto; echaría por la borda un 2010 colosal, insólito. Echaría por la borda, sobre todo, lo más importante de la campaña 2009-2010: la resurrección del levantinismo tras la peor crisis de nuestra historia.
No podemos perder hoy. Merecemos salir de Orriols con una sonrisa de oreja a oreja, continuar admirando a propios y extraños con una trayectoria inmaculada. Por muchísimos motivos nuestro sueño debe verse cumplido. Vamos a ganar, pero el Rayo no va a ser una perita en dulce. Tiene un equipazo. Vamos a ganar. Trato de convencerme. En letanías, por escrito —en una previa para mí—, como sea. Hay que ganar. Por lo civil o por lo militar.
20h. Salva Regües firma “Memorias de un granota” en La Tenda Granota. Ensayo una conjura. Tota pedra fa paret. Y le hago una foto junto a su amigo Antonio Vergara, el mejor paladar del planeta, mostrando la portada del libro. Cuatro le van a caer al Rayo, como los cuatro que les metió el de la portada en Vallecas. Caszely. Unas horas después, en el descanso, le comentó a José Luis García cómo una noche copera Toni Cerveró recordaba entre bromas que, otra noche como hoy, se “li parà el mos” mientras el chileno caracoleaba en la frontal del área contraria. Y casi acaba en urgencias. Reímos trémulos, pero opto por dejar el bocata a medias y guardarlo en la mochila. Estoy cenando sin hambre. Prefiero fumar.
Esquivo a Regües durante la firma. No quiero que me presente a nadie. No quiero saludar a nadie. Pero es inevitable. Vicente Herrero me estrecha la mano y me pide disculpas porque le sudan las manos desde hace horas. Yo también pienso en tensiómetros y desfibriladores. Carlos Ayats me saluda afable como si no pasara nada. La processó va per dins. Vicent Ballester, el hijo de Víctor Ballester Gozalvo y sobrino de José, fundadores del club, está como un flan. Pero vamos a ganar. Caszely le metió 4 al Rayo y Regües no para de firmar.
El ambiente es el de los grandes hitos de nuestra historia reciente. Nerviosismo y una ilusión desbordada a partes iguales. Un tropel de chavales con bufandas y banderas al viento van en busca del autobús de sus ídolos. El cachalote blaugrana avanza lentamente entre un mar de banderas blaugrana y senyeres, lanzando por su espiráculo una palmera de sueños en la que el gato está a punto de hacer cima. Luis García y Quico Catalán, sentados junto al chófer, tienen el orgullo escrito en sus rostros. El orgullo de haber devuelto el orgullo a miles de levantinos. Ballesteros y su manada jalean exultantes a la afición desde dentro. Pelos como escarpias. Vamos a ganar.
Pero algo va mal. Lo veo en la mueca de un ciego que vende lotería enfudado en una zamarreta blaugrana y blandiendo una bandera del centenario. Lleva un auricular de radio en la oreja.
22 h. Algo iba mal. El Cartagena ha ganado en El Arcángel, donde el Córdoba ha malogrado una docena de ocasiones de gol (1-2), la Real ha vencido al Villarreal B (2-1)… y sobre todo el Betis ha ganado en el 93’ en Huesca (0-1) con gol, paradojas de la vida, del exlevantino Juanma. Sólo el Elche se descuelga de la pomada tras su estrépito insular (4-1).
Hay que ganar. Más aún. Un traspié nos podría obligar a jugarnos el ascenso en Heliópolis en la última jornada. Lo sé yo, lo saben los jugadores y lo sabe todo el estadio. Nadie quiere eso. Mientras subo los escalones de Grada Central, siento los fogonazos de los fantasmas del yunque en mi mente. Es sólo un momento. Orriols ruge con una parroquia entregada. No podemos no ganar.
Y ganamos. Pero merecimos perder. Sólo si hablamos de fútbol en sentido estricto: de regates, desbordes, ocasiones… El Rayo fue uno de los mejores onces que ha pisado Orriols este año y además se le puso el partido de cara en el 53’.
El Llevant UD que saltó al césped fue un vendaval, un ejército arengado por una causa justa, determinado a vencer sí o sí. Jugó bien a fútbol, dominó el centro del campo, creó ocasiones y generó sensación de peligro, tratando de resolver cuanto antes el trámite hacia la gloria. Rubén, Guerra y Miguel Pérez tuvieron el gol en las botas. Juanfran y Juanlu desbordaban por banda izquierda con un ritmo frenético. El gol se olisqueaba también a balón parado. Los granota pusieron en escena los argumentos habituales, pero sin acierto. El Rayo trataba de jugar a fútbol y no se encerró en su área, pero hasta la media hora no consiguió zafarse de la asfixia a que le sometió el Llevant. Los vallecanos aprovecharon que Iborra y Pallardó —que realizaron un esfuerzo colosal— necesitaban bajar las revoluciones para tomar oxígeno.
El destino hubiera sido cruel con el Llevant si un inmenso Reina, con ayuda del travesaño, no hubiera enviado al córner un trallazo de Coke en el 36’. Pero lo cierto es que el Rayo se envalentonó, con un Susaeta magistral que, sobretodo en la segunda parte, desbordó una y otra vez por su banda derecha. Cuando más dominaban los vallecanos, llegó el gol de Rubén (43’), que quitó la cal del palo con un tiro raso y rotundo, tras pescar un balón suelto en el área grande que Pallardó y Guerra habían porfiado con convicción. 1-0 y la grada se tomó un respiro tras una primera parte frenética e infartante.
En la reanudación el Llevant UD saltó con más templanza al campo, tratando de dominar el balón, serenar el partido —por momentos los blaugrana, ordenados en el tablero por Iborra, mimaban el balón— y buscar la ocasión de enchufar el segundo y ahuyentar el tembleque. La tuvo Guerra tras un córner de Rubén. El meta rayista le sacó el testarazo milimetrado junto al palo de forma inverosímil. Otro córner y Pau Cendrós remataba implacable a la red. 2-0 y la afición se frotaba las manos, ante la perspectiva de una segunda parte tranquila. Pero esto es Orriols, señores. Como antes lo fue Vallejo, La Creu, el Stadium, La Soletat o La Plageta. No hay logro sin épica.
Robusté cometió una pájara en la frontal que hubo de corregir con falta. Tarjeta de libro. La segunda y a la calle. 35 minutos por delante con diez y el ascenso en un ay. Una sensación de tragedia sobrevoló la grada, junto a los rat-penats habituales en las noches blaugrana. No era sólo la expulsión. El Rayo ya había enseñado la patita por debajo de la puerta. Iborra y Pallardó iban a tener que multiplicarse tras 53 minutos de soberbio oficio de zapador. Juanlu estaba entre algodones. Miguel Pérez aún no tiene el ritmo y flaqueaba. Todos supieron lo que esperaba un minuto después, cuando Luis sacó del campo a Rubén y dio entrada a Héctor Rodas. 35 minutos de defensa numantina. La solución más sensata.
El Rayo comenzó a jugar de tiralíneas, liderado por Susaeta. Dominó el partido y tuvo ocasiones para marcar. Los granota se fajaron de lo lindo, con Pallardó y Ballesteros extraordinarios. La grada comprendió la transcendencia histórica del momento y rugió sin descanso, alentando a los suyos. De ahí debieron sacar las fuerzas para poder haber sentenciado el partido. Xisco Nadal —que aportó fortaleza y frescura a la banda derecha—, Juanlu y Guerra tuvieron el tercero en sus botas. Hubiera sido el éxtasis. Pero estaba escrito que aquí no hay logro sin épica. |