UN FRAGMENTO DE UNA VIÑETA DEL CÓMIC. FOTO: L'INFORMATIU.
El discurso -por momentos ininteligible- de 'Kid Eternity'
Planeta DeAgostini reedita el clásico heterodoxo de principios de los noventa firmado por Grant Morrison y Duncan Fegredo
VALENTÍN VAÑÓ. 26 gener 2010
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Que se sigan reeditando los cómics locos y pretenciosos de principios de los noventa es una buena noticia. Por entonces, los responsables de Vertigo, el sello para adultos de la DC Comics –la tradicional editorial de Superman y Batman-, cocinaban en su cocina heterodoxa parte de la actual eclosión de la llamada novela gráfica, del cómic artístico para adultos moldeado por la mirada de autor. El guionista escocés Grant Morrison fue uno de los autores en primera fila de aquella pequeña revolución de ruido e ínfulas. Y Kid Eternity, que Morrison publicó en 1991en colaboración con el artista Duncan Fegredo, y que estos días recupera en un tomo Planeta DeAgostini en nuestro país, es la mejor muestra de la demencia y la fertilidad de los tebeos de aquellos años.
El resultado es a la vez un tebeo apocalípticamente infumable y brillantemente deslumbrante
“Quería escribir un cómic sobre la magia que tomara en consideración todas las teorías sobre el caos”, explicaba Morrison sobre Kid Eternity. “La magia del caos se basa en la idea de que toda la materia y todas sus manifestaciones surgen de un caos primigenio”. Canela fina. Kid Eternity es, de principio a fin, una locura de acabado vibrante y discurso por momentos ininteligible. Fue en origen la actualización de un personaje cutrón, un superhéroe de cuarta categoría del que nadie se acordaba y al que se quería insuflar nueva vida gracias al nervio de autores jóvenes. Por entonces, ésta fue una estrategia editorial habitual. Y el resultado es a la vez un tebeo apocalípticamente infumable y brillantemente deslumbrante. Puro Morrison: metafísica de todo a cien, fantasía delirante, grotescas criaturas extradimensionales y teorías grandilocuentes sobre el Orden y el Caos, es decir, el Bien y el Mal. Morrison mezcla en Kid Eternity su interés por el tarot con la Divina Comedia de Dante, el punk con el advenimiento del nuevo hombre. En el primer episodio, Kid Eternity se materializa en una fiesta de pijos neoyorquinos, procedente del infierno. Y luego vuelve a ese mismo infierno con hechuras de factoría industrial que, como se sugiere en el mismo texto, bien podría ser el auténtico cielo. “Quería crear una obra sin ningún valor moral en absoluto. Kid Eternity es un maravilloso personaje nihilista”.
En origen, Kid Eternity, creado en 1942, era un personaje que moría siendo adolescente y al que se le concedía una nueva oportunidad en la tierra como superhéroe de cuatricomía. Parte de la intoxicada pretenciosidad de su actualización de 1991 surge de la labor gráfica de Duncan Fegredo. Por entonces, Vertigo apostaba por los tebeos efectistas pintados al acrílico y Fegredo fue el penúltimo ilustrador en incorporarse a la nómina. Hoy, esa estética se antoja desfasada, muy de la época –y Fegredo supo renovarse después con brillantez-, pero Kid Eternity está resuelto en un hiperralismo demente, de cromatismo alucinado, difícil de olvidar. Era un tiempo de experimentos chiflados. Y el acabado de Fegredo parece muy conveniente para una ficción que se desarrolla en el infierno y donde unos moluscos extradimensionales utilizan palabras muy largas para explicar el Gran Diseño.
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