KATHRYN BIGELOW Y SU EQUIPO FUERON LOS TRIUNFADORES DE LA NOCHE. FOTO: L'INFORMATIU.
El triunfo de la cláusula anti-Avatar
'En tierra hostil' se alzó como la ganadora de los Oscars 2009 gracias a sus 6 estatuillas en las que se incluían las correspondientes a la Mejor Película, Dirección -Kathryn Bigelow, primera mujer en conseguirlo- y Guión Original. Una victoria bastante discutible y que dejó 3 migajas técnicas para 'Avatar', su gran rival.
DAVID COLL. 09 març 2010
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Y es que el mega-taquillero título de James Cameron mereció más suerte, pero sin duda se vio perjudicado por el nuevo mecanismo de votación instaurado por la Academia; casi, casi, un cepo para cazar Na´vis. Un sistema que exigía a los académicos numerar por orden de preferencia -del 1 al 10- la decena de largos a competición por el premio gordo, y que a la postre ha significado su tumba.
En efecto, en las últimas semanas corría un rumor por Hollywood por el cual la cinta ambientada en Pandora lo tendría difícil, con tantos grupos de presión contrarios a ella con derecho a voto. A saber: el ala más reaccionaria de la Academia -enemigo de su mensaje ecologista, y que la veía como una crítica al imperialismo yanqui-; los defensores del cine de autor frente al de gran espectáculo -que ya le negaron el pan y la sal a La guerra de las galaxias o La comunidad del anillo-; o los actores, la rama más numerosa entre los académicos y muy mosqueados por su futuro, ante el presumible auge de los intérpretes virtuales (¿?). A esto hay que unir otros factores que pueden explicar por qué se le ha escapado el Oscar a Avatar, como la envidia despertada por su descomunal recaudación, la escasa campaña de promoción de Cameron de cara a la Academia, o las ganas que muchos votantes le tenían al director de Titanic, al que siguen sin perdonarle su prepotente frase (“¡soy el rey del mundo!” dijo) al recoger el Oscar de 1997.
Alec Baldwin y Steve Martin, encantados de conocerse, hicieron lo que pudieron como maestros de ceremonias, en una gala en general bastante aburrida, previsible y solemne
Al menos el triunfo de The Hurt Locker sirvió para reivindicar la labor de las mujeres cineastas, con ese histórico galardón a la Mejor Dirección para la Bigelow -digo yo que algo se olería, al ver que lo entregaba Barbra Streisand-. Lo más curioso es que se hiciera premiando un film de guerra pleno de testosterona, y en el cual las actrices brillan por su ausencia.
En cuanto al resto de categorías, si hablamos de los cuatro Oscars de actuación, estos fueron a parar a quienes estaban en mente de todo el mundo -Jeff Bridges, Sandra Bullock, Mo’Nique y Christoph Waltz-. Por su parte, la Película de Animación fue, como se esperaba, coto cerrado para Pixar y Up, que también obtuvo el premio a la Mejor Banda Sonora de Michael Giacchino. Mientras, los guiones olvidaron a los presuntamente bien colocados Jason Reitman -por el libreto de Up in the Air, que no se llevó nada-, y Quentin Tarantino -Malditos Bastardos-.
Precisamente Tarantino y Almodóvar fueron los encargados de presentar la sorpresa de la noche, el Oscar a la Mejor Película en Lengua no Inglesa, que fue a parar a El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella; segundo galardón para Argentina tras La historia oficial (1986), y merecido desde hacía tiempo. Un film, por cierto, ignorado en los Goya, y que se impuso a la gran favorita, la alemana La cinta blanca, de Michael Haneke, a la que posiblemente perjudicara su aridez formal, excesiva para los gustos de Hollywood.
Por lo que nos tocaba, lamentar la derrota del corto de animación español La dama y la muerte, de Javier Recio -batido por el francés Logorama-, así como la de Penélope Cruz como Actriz Secundaria, algo por otra parte esperado.
Destacar el recuerdo de la Academia para el desaparecido John Hughes -al que se le tributó un homenaje póstumo-, y que Alec Baldwin y Steve Martin, encantados de conocerse, hicieron lo que pudieron como maestros de ceremonias, en una gala en general bastante aburrida, previsible y solemne.
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