Entre las novelas “histéricas” y los 'best sellers bollicao', y las novelas densas y metaliterarias que no entiende nadie está el camino por el que yo quiero transitar
P: Habla de un personaje, que es miembro del grupo musical alrededor del cuál se unen todos los que aparecen en la trama. En el reflejo de esa escena musical y el mundo que lo rodea, de clase media alta, podría percibirse una intención desmitificadora.
R: Es que es un mundo que conozco. Yo trabajé en el mundo de la música y de las compañías discográficas desde muy joven, acompañando a grupos de promoción por toda España. Por eso puedo contar cómo es ese mundo. Pero hago lo mismo con el de la literatura. Lo que cuento de los escritores en la novela es así, y pocas veces lo he visto retratado como lo hago yo, con excepciones como la película Como una imagen. Ahí está el mundo de las agencias, de los editores, de las capillitas… todo lo que hay detrás. Pero las cosas como son y yo hablo de lo que conozco. Saco un bar porque he trabajado en uno; a una terapeuta porque una íntima amiga lo es; pero nunca algo que no conozco. Me habría encantado meter a un físico, porque la física cuántica completa el retrato que cuento de la realidad desde las perspectivas de la filosofía, la literatura y la psicología. Pero era muy complejo integrarlo en el relato sin que la novela se fuera de madre.
P: Me ha llamado la atención que la novela haya tardado tres años en ver la luz desde que la escribió. ¿Cómo ha sido eso?
R: En principio se retrasó porque tardé en revisar la primera versión, porque aunque la lectura sea sencilla es muy complejo hacer que todo encaje. Después, cuando ya la tenía, se me juntó con otras dos recién editadas, además de las dificultades de hacer promoción con un niño pequeño, un proceso de separación… Lo fui dejando y después no la quería sacar.
P: Por experiencia propia, uno cambiaría buena parte del texto que le pareció correcto al cabo de unos días de haberlo creado. ¿No le pasó algo similar con la novela después de haber estado tanto tiempo en stand by?
R: Sí (risas), pero intentas no volver a leerla, la alejas de ti. No, en serio, una vez que la has completado definitivamente, ya has de dejarla tal cual. Así es como salió y ya ha pasado.
P: Otra cosa llamativa es la extensa nota de agradecimientos, más propia de un disco que de una novela, o a lo que solemos encontrar en ellas.
R: Sí (risas). La verdad es que el motivo es que yo no tengo pareja y por las circunstancias que sean nunca la he tenido. Bueno, sí he tenido, pero nada en plan “mi musa y mi inspiración”. La verdad es que, si te fijas, excepto casos puntuales como Elvira Lindo y Almudena Grandes, al contrario que los escritores que sí tienen mujeres, las escritoras solemos ser un desastre. Seguramente sea porque hay mujeres dispuestas a quedarse encantadas atendiendo a los niños y todo para que ellos se vayan de promoción, pero hay pocos dispuestos a lo contrario. Yo decidí hacerme una segunda familia de amigos muy grande, y creo que es hacia donde vamos a tender todos. El éxito de las redes sociales apunta a eso. Las parejas ya no duran, las familias se desintegran, no hay religión… y las redes sociales intentan llenar eso. Se podría decir que yo soy un exponente de lo que está pasando. Me he creado mi propia red social, pero con la suerte de que es real (risas).
P: Al margen de lo literario, los lectores tenemos la suerte de poder leerle al menos en su columna semanal en ADN, donde muestra sus opiniones de la actualidad desde una perspectiva abiertamente progresista. Desde ese punto de vista y teniendo en cuenta sucesos recientes como el procesamiento al juez Garzón, ¿cómo valoraría la situación actual en el país?
R: Este país tiene un problema muy grande que compartimos con italianos, portugueses, griegos y muchos países nacidos de la desintegración de la URSS, que es el hecho de haber sufrido una dictadura. Ese hecho, experimentado además durante decenas de años, deja en los países estructuras de corrupción que tardan muchísimos años en desaparecer. En Londres no sucedería lo que pasa aquí de que uno sea concejal de urbanismo y tenga a toda la familia empleada como chóferes y secretarias, mientras la sociedad lo ve como algo absolutamente normal. Por eso España, como los otros países mencionados, es un país corrupto, y es interesante destacar que es resultado de las dictaduras y sus estructuras de poder. Es nuestro problema frente a los países de tradición democrática larga, que también tienen sus problemas, pero no estos.
P: Su biografía dice que nació en València. ¿Mantiene una relación con la ciudad?
R: Sí, nací aquí y viví en Jacinto Benavente hasta los 4 ó 5 años, y seguí viniendo a veranear al Perelló hasta los 10.
P: Como uno de los personajes de la novela.
R: Sí, la chica de la que se enamora el francés (risas). Lo cierto es que es una cosa que le sucedió a mi hermana y me basé en ello para construir el personaje, aunque el a partir del enamoramiento todo sea ficción.
P: Le preguntaba por su relación con València por si ésta le hacía seguir con más interés lo que sucede aquí. ¿Lo hace? ¿Cómo ve la realidad política y social valenciana en la actualidad?
R: Desde Madrid se ve la Comunitat Valenciana como el reino de la corrupción. Eso sí, igual allí se emplea como una manera de quitarse la culpa diciendo que “ellos son más corruptos que nosotros” (risas), pero lo cierto es que así es como se muestra lo que pasa aquí desde los medios de Madrid. No obstante, yo, sin vivir aquí, no tengo una versión propia. Además, como vasca, soy consciente de cómo son los medios de Madrid. Así que no puedo decirte lo que vería viviendo aquí, aunque sí que es evidente hasta para el visitante la notable especulación inmobiliaria. La verdad es que València es una ciudad que yo he amado profundamente, y en los 80 fue la ciudad más divertida a la que podía ir uno. Tenía una marcha excepcional, una escena cultural efervescente y un nivel de tolerancia que no veías en muchas partes. Ahora, no sé por qué, ese exceso ya no lo veo en ese aspecto, sino solo en la Fórmula 1, los edificios del río y demás. Se ha ido más hacia el escaparate y se ha perdido lo que era esa vanguardia en muchos campos del arte.