Leo en el periódico que según las estadísticas y debido a la larga esperanza de vida, se han disparado las separaciones una vez cumplidos los 65 años. Las parejas se jubilan, pasan más tiempo en casa y como consecuencia, el roce y el desgaste propios de la edad se ven exacerbados por las interminable jornadas, que ya no tiene la tregua laboral de cerca de ocho horas diarias de antaño. Además, la gente al enfilar el tramo final de su vida se vuelve más sincera, como si un momento de lucidez viniera a alumbrar el final del camino vital.
De papeleos por Valencia me encuentro a una vieja amiga que me cuenta que se ha separado y que, gracias a ello, se ha quitado un peso de encima; que está un poco “depre”, pero que ya va viendo la salida del túnel en el que se encontraba su relación. Hablo con otro colega, somos uña y carne; me dice que ha tenido varios deslices amorosos y que todos han sido con mujeres que tenían pareja estable y que además, convivían con la misma. Me encuentro con otra amiga que me comenta que no está bien con su marido, que incluso tiene un rollo con otro chico, y que éste, a su vez, tiene novia, con la que además comparte techo. |