Preocupados como estamos por la situación económica actual, asistimos con indiferencia a una serie de disparates de todo tipo
Preocupados como estamos por la situación económica actual, asistimos con indiferencia a una serie de disparates de todo tipo que desafortunadamente (al menos eso parece) no tendrán consecuencia alguna en las futuras elecciones. La gente ya no confía en los políticos, lo que viene a ser lo mismo que la gente no confía en la gente, porque los políticos son gente, o al menos antes lo eran. Por lo menos antes de convertirse en caricaturas; aunque a veces más que caricaturas parecen mafiosos: “Ya han caído dos” dijo el otro día nuestro "president" refiriéndose a Bermejo y a Garzón.
No nos merecemos que nos tomen por tontos, porque por eso es por lo que nos toman; por eso y por más. A mí, lo que verdaderamente me asusta no es que la gente vote al PP o al PSOE, o al que le caiga mejor, porque al final (desgraciadamente) eso es lo que parece que hace: votar al que le es más simpático, como si la simpatía fuera a sacarnos las castañas del fuego. Lo que me asusta de verdad es que haya quien justifique ciertas actitudes presunta (o expresamente) delictivas mirando hacia otro lado, o diciendo que qué importan tres trajes, o que los otros también lo harían. En resumidas cuentas que vengan con la cantinela de que todos los políticos son iguales, y que se vea como normal que alguien robe, o malverse, o se aproveche de su cargo y, en definitiva, de los demás sin que pase nada. Parece que se está instaurando la impunidad y el todo es mentira y que a la gente le resbale totalmente lo que pasa a su alrededor. Sí, ya sé que lo que realmente importa es que gane Alonso, si Villa se va al Barça, o que llegue pronto el Mundial y dejen de darnos la paliza con cosas que a nadie le importan, pero no sé hasta qué punto.
Huele muy, pero que muy mal, y lo que se ve, no parece más que la punta de un iceberg de cohechos y corruptelas que están bien arraigadas en nuestra sociedad y en nuestra cultura, pero que, desafortunadamente (al menos para algunos), a la mayoría se la trae al pairo.
Yo no puedo sino recordar la frase que me solían decir mis padres cuando me comparaba con otros compañeros de colegio, para justificar que yo no era el único que había sacado una mala nota o se había portado mal: “¿Qué pasa?, ¿que si fulanito se tira a un pozo tú también te tiras?”, me repetían mientras me leían la cartilla.
Vamos, que lo del mal de muchos consuelo de tontos está al orden del día. No tenemos que tirarnos al pozo, ni siquiera si lo hacen 44.999.999 de españoles.
P.D: Alguien debería crear un grupo en el Facebook que se llamara: Señoras que dicen que tres trajes no son “ná”.