Ella: Lo conocí en una boda y bueno, esa noche hubo mucho feeling. Sentimos mucha atracción. Bailamos, nos besamos, nos calentamos, pero nada más. Al día siguiente fuimos al cine y él quería volver a quedar el jueves que viene. Me gusta. Aunque no sé. Creo que me buscaré una excusa, porque el tío va muy a saco y quería que yo fuera a su casa. Ya sabes. Él: Ya. Ella: ¡Pero tío! ¿Me estás escuchando? Él: ¿Eh? Claro. Ella: ¿Cómo te puedes fijar en esa chica? Esos morros pintados de esa manera, si no operados, toda emperifollada y marcona, con esas uñas de actriz porno. Mira que tacones de… Él: Entonces ya sabes porqué me fijo. Ella: Pero macho, ten un poco más de gusto. A saber lo que tiene en la cabeza la pobre. Él: Ya estamos. ¿Y a mi qué más me da? Ella: Seguro que si ahora viniera a este lado de la barra y te dijera eso de “en tu casa o a la mía” no te lo pensabas dos veces. Él: Hombre. Pues igual sí me lo pensaría. Ella: Ah, bueno. Menos mal. Él: Es que mi cama me gusta mucho, pero por cambiar de escenario igual me iba a la suya. Ella: ¡Cerdo! Todos sois iguales. Y bueno. ¿Qué tal tu con aquella chica? La que conociste en el concierto de Los Vicentes. ¿Ves? Esa sí me gusta para ti. Él: Muy bien. Lo pasamos estupendamente. Le encantó mi cama. Estuvimos esa noche y el día siguiente dándolo todo. Mucho sexo y risas. Improvisó disfraces para los dos. Colegiala y profesor, policía y delincuente, enfermera y paciente. Increíble. Es muy divertida en el sexo, y además es muy culta. Me gusta. Ella: Mira que bien. Y dime, ¿habéis vuelto a quedar? Él: Negativo Ella: ¿Y eso? Él: Yo paso. La tía va muy a saco también. Ella: ¿Más aún? ¿Ha conseguido el disfraz de Tarzán y mona Chita? Él: No. Quería que fuéramos al cine. |