Me gusta Benidorm. Como reconozco, que no comparo, que me gusta una de esas ratas aplastadas de franquicia en pan de hamburguesa. Y ya puestos, dejarme llevar por la facilona superproducción de una peli con un buen guión de mierda. Son elecciones que pueden cobrar verdadera relevancia en su orden de prioridades dependiendo del momento y situación. Porque las tres tienen un denominador común: son insustanciales. Carecen de algo que realmente pueda aportar nutrientes o propiedades beneficiosas a tu espíritu, metabolismo o mente. Aún así, son pocas las veces, pero cuando apetece eso, es que eso es lo que apetece! En el caso de la hamburguesa de cartón y la peli, creo que el que más o el que menos se ha contaminando y las ha degustado alguna vez con verdaderas ansias, y lo puede comprender. Lo de Benidorm es, lo sé, algo más freak. Porque si lo comparas con sitios donde ir a descansar o desconectar o relacionarse tranquilamente es la antítesis de todo ello. Pero es que me gusta también a pesar de todo su tufo político y su excesivo enfoque turístico. Su clima, el ambiente "guirufón", los abueletes y no tan abueletes, bailando cha cha cha por las terrazas, su constante oferta de ocio, la enorme playa, y bueno, la gente que conozco natural de allí. Me gusta ver en fotos su skyline. Es único en nuestro litoral. Esas montañas de cemento acristaladas fente al mar. |