"Empieza la Q3. En los diez siguientes minutos se decidirá la parrilla de salida del Gran Premio de Europa" comentaba el sábado a mediodía el locutor de la retransmisión de la Fórmula 1. Y un servidor, que nunca ve ese programa, pero qué tenía curiosidad por saber cuál era el origen del sonido ensordecedor que desde primera hora de la mañana del viernes no le dejaba estar tranquilo en casa, se quedó sentado esos diez minutos para ver que el piloto suizo de origen español, Fernando Alonso, alrededor del que parece que gira todo el interés, saldría cuarto. Hecha la faena, bajé a la verdulería, a escasos trescientos metros del circuito y las calles estaban desiertas. Eso sí, no habían transcurrido quince minutos del supuesto final de la Formula 1 por esa jornada, cuando el estruendo comenzó de nuevo. Imagino que de otra competición que no importará un bledo a nadie, pues poco, sino nada, se dice de ella. La tortura, para los vecinos, era la misma.
Había que huir. En el convoy, normalmente lleno de bañistas, prácticamente ninguno. La playa estaba, como los años anteriores cuando ha habido carrera, prácticamente desierta
Tres horas después, con el molesto y monótono estruendo todavía de fondo, cargado con una mochila cogí el tranvía. Había que huir. En el convoy, normalmente lleno de bañistas, prácticamente ninguno. La playa estaba, como los años anteriores cuando ha habido carrera, prácticamente desierta. Los pocos acompañantes en el vagón, estos sí, asistentes al Gran Premio. No pude resistir mirármelos de arriba a abajo. Zapatillas de marca, pero nada del otro mundo, y cascadas. Algún polo o camiseta con el logo de algún fabricante de coches. Nada que haga pensar que se trata de multimillonarios que vienen aquí a dejarse el dinero que les sobra. Lo cierto es que parecen personas normales con una afición. Unos van a ver a Kiss o AC/DC y otros van a ver coches dar vueltas, pero ni unos ni otros se gastan más que lo imprescindible para ver el espectáculo que quieren y volverse pitando a sus casas. Pensando en ello llego a la parada de Benimaclet, me apeo y atravieso el barrio para llegar al punto de salida de mi huida. La temperatura es muy agradable, pero el barrio está desierto. Intuyo que la ciudad que dejo atrás, también.
Ayer por la noche, de regreso de un paraje aislado y paradisíaco de nuestras tierras, nos detenemos en un bar, y allí nos informan de inmediato de cómo ha quedado la cosa. "Ha llegado octavo" nos dicen de la clasificación de Alonso, como si la suerte de este piloto que huyó de España para evitar pagar impuestos tuviera que interesarnos en lo más mínimo. Ojeando la prensa local, las fotos de las gradas reflejan que el sábado no se superaría la media entrada en el circuito, aunque los pies de foto se empeñaban en dar la contraria a las imágenes y se mostraban más entusiastas. La publicidad de la Generalitat les iría en ello. En otra noticia uno se podía enterar de cómo vivían los vips el gran premio; en yates, bañándose en piscinas, tomando tapas y mojitos, y claro, poniéndose los "imprescindibles protectores para los oídos". Todo parece una broma de mal gusto. Una hora después, de regreso a València, me dejan en la calle de la Reina, tan vacía como el día anterior, pero sin policía, con las vallas que cerraban las calles abandonadas, y con la sombra de las gradas del circuito al fondo -aquellas que quería poner 'el Bigotes'- esperando a ser desmontadas. No queda ni un solo aficionado descolgado por la zona, dejando un puñadito de esos 60 millones de euros de beneficios que Camps -como la bruja Lola- pronosticaba que el sarao habrá dejado en la ciudad.
Al menos ahora todo está en silencio. Mucho mejor.
El cuento de la lechera - 28-06-10 - 18:19h. Ayer habia 83.000 espectadores viendo la carrera, si el aforo era de 75.000 personas, como es posible?. Me lo expliquen.
Eixa és la impressió que es desprén del seguiment del primer dia de vaga en el sector de l'educació pública no universitària. Ja fóra el 90% indicat per la Conselleria o el 65% xifrat pels sindicats, la veritat és que malgrat el dur atac del Consell i l'Estat a l'educació i els seus transmissors, la immensa majoria dels professors van acudir amb normalitat a les aules, i llançaren l'inequívoc missatge que encara poden suportar més.
La seua carta de presentació és l’ambició. El nou secretari general de Joves Socialistes del País Valencià aspira a duplicar la militància de l’organització juvenil i sumar, entre ells, la joventut que comença a despertar i a participar de les mobilitzacions socials.
El “teatre de resistència” repetirà experiència en el barri valencià. El Festival Cabanyal Íntim portarà de nou les arts escèniques d'avantguarda a l'interior de les cases en perill de demolició, per a reivindicar la supervivència del conjunt històric.