Sé que puede resultarles un topicazo de tomo y lomo, pero en las últimas semanas, y especialmente tras el último suceso relativo a los reiterados impagos de la Generalitat, me ha resultado inevitable pensar en el popular poema de Martin Niemöller Cuando los nazis vienieron a por los anarquistas. Ya saben, es aquel que comienza diciendo algo similar a que primero fueron a por los anarquistas, pero como uno no lo era, guardó silencio. Y es que aquí está sucediendo más o menos lo mismo. Me explico.
Primero le racanearon las ayudas a los beneficiarios de la Ley de Dependencia. Recuerden, muy pocos dependientes (casualmente los que ingresaban en las residencias de la familia Cotino lo tenían más fácil) han cobrado las ayudas en la Comunitat, pero como por lo visto la inmensa mayoría no tiene familiares dependientes, muy pocos pusieron el grito en el cielo. Luego, hicieron lo propio con los Centros de Día para discapacitados, pero bendita suerte la nuestra que no nos vemos afectados por esa afrenta que ahoga a los empleados y a los beneficiarios de estos centros. Al tiempo, se escatimaban recursos en la Sanidad Pública (la peor del Estado por cuarto año consecutivo según el informe anual hecho público ayer por la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública), pero como evitamos pasar en todo el año por urgencias, eso lo sufrieron otros. Y así, unos tras otros, fueron dejando de cobrar, bomberos (por suerte no se me quema el chalet), policías (mi barrio parece seguro), los becarios de la tele pública... hasta las bandas de música, aunque éstas, con un peso social muy importante en los pueblos, han hecho un amago de protesta y se los han puesto de corbata. Rizando el rizo, hasta los dependientes que antes recibían dinero para sus plazas en residencias pueden dejar de recibirlas este año (año en que, casualmente, la familia Cotino ha vendido sus participación en ellas).
La lista de afectados es larga y no para de crecer, y cualquier persona avispada, sensible con los demás (como señalaba el poema), atenta a lo estas maniobras e impagos significaban, podría prever desde hace ya muchos meses el futuro que depararía la gestión del Consell, pero hasta hace unos días a la gran mayoría de los valencianos todo esto parecía traersela al pairo. Como si viviéramos en jauja. Pero, ¡ah amigo! En un giro que nadie esperaba, pero que tarde o temprano tenía que suceder, la televisión autonómica dejó de pagar el fútbol. ¿Se imaginan que ése fuera el detonante? ¿Que los valencianos reaccionáramos a partir de esta anécdota y no de todo lo anterior? Porque hasta el más necio es capaz de entender que si no hay dinero para pagar el fútbol*, para disponer de esa arma tan poderosa para tratar de adormecer al personal, es que ya no hay dinero para nada. Sí, sería un final mucho menos digno y elegante para cerrar la enumeración de afrentas que el del poema de Niemöller; pero es que el comportamiento, la pasividad mostrada por los valencianos ante tanta indignidad de nuestro gobierno tampoco roza a una mayor altura. Ojalá.
*Por cierto, ¿no sería el hecho de contar con que no iban a disponer de las imágenes por impago el que propiciaría la cancelación de Minut a Minut? |