El jueves pasado se ponía punto y final a una nueva edición de la Semana de la Moda de Valencia, como siempre rodeada de críticas y polémica desde sus comienzos cuando era Pasarela del Carmen. Tiene tantos defensores como detractores. Algo que no logro entender cuando en principio sólo pretende ser, o nos venden que sólo quiere ser, un punto de referencia para los diseñadores de moda de la Comunitat Valenciana.
Desde que Francis Montesinos mordió la mano que le daba de comer (como representante de los diseñadores de esta Semana y puso en evidencia ante todos los medios de comunicación al entonces Conseller de Empresa, Universidad y Ciencia, Justo Nieto en la presentación oficial de una de las ediciones de esta Semana) la Semana de la Moda de Valencia cambió de formato y de manera de financiarse. Las aportaciones de los patrocinadores privados empiezan a ser muy importantes pues la financiación pública será del 50% (aunque esta edición ha bajado su aportación en un 35%) y el resto lo sufragarán los particulares. Esto tiene una doble cara, mayor libertad ante las presiones políticas que “dominan” estos desfiles como puede ocurrir en Cibeles, pero mayor inestabilidad por la presión de conseguir financiación en esta época de crisis que nadie quiere o puede soltar un duro. |