Y entonces, aquel militante de Juventudes Socialistas me dijo: “Mira, creo en la democracia externa e interna, en la justicia social y otras ideas similares, algunas alocadas o utópicas, pero la gran mayoría generosas, dinámicas y útiles. Por eso, con 17 años, me afilié a Juventudes Socialistas del País Valencià.
Empiezo a conocer compañeros fruto de algunas reuniones y fiestas de la organización. Sigo con más avidez la actualidad política diaria. Poco a poco, participo con mayor intensidad de los debates ya sea en mi familia, grupo de amigos, universidad… Comienzo a desarrollar un pequeño odio irracional a todo lo que provenga del Partido Popular pero, en mi caso, como soy una persona cabal, logro sofocarlo y verlos simplemente como rivales con una ideología y argumentos la mayoría de veces equivocados.
Pasan un par de años y adquiero cierta importancia en mi distrito y en la ciudad. La gran mayoría de compañeros reconocen mi independencia y capacidad para el consenso. Eso me alegra. No obstante, vivo el primer congreso de mi vida y empiezo a notar que muchas de las leyendas que me habían contado no sólo eran ciertas, sino que se quedaban cortas. Codazos, navajazos (políticos), traiciones, jóvenes que actúan como si su vida dependiera de un cargo, directrices de superiores, cabezas gachas, falta de redaños, presiones… |