Mientras escucho a Bon Iver, echo la vista atrás y me doy cuenta del largo camino recorrido. Estoy ya bastante lejos del inicio de mi viaje y todo ha cambiado tanto… Hasta el punto de que recibo la invitación de sumarme a un nuevo proyecto periodístico, que quiere llegar para quedarse. Es una nueva aventura en este largo (pero a la vez corto) viaje de la vida. ¿Quién es el loco que se embarcaría en los tiempos que corren en un proyecto como éste? A mí me ilusionan los nuevos retos, los que surgen de la ilusión de gente que cree que no todo está perdido y vale la pena intentarlo. Se pueden hacer las cosas de otra manera y todo el mundo, más tarde o más temprano, se da cuenta de que necesita creer que se puede creer.
Esta semana nos han concedido (a La Habitación Roja) el premio “Ciudadanía de L’Eliana”. Éste es un premio que reconoce la labor que hemos desarrollado a la largo de todos nuestros años de carrera. Conocidos como “el grupo de L’Eliana”, casi sin darnos cuenta hemos llevado el nombre de nuestro pueblo por todos los rincones de la geografía española y América. Empezamos de cero, con muchos sueños y pocos respaldos, pero hemos convertido a fuerza de canciones e ilusión nuestra pasión en forma y sustento de vida. Esto lo cuento porque cuesta a veces creer que los sueños se puedan hacer realidad, y es que, en contadas ocasiones nos damos el tiempo necesario para que se puedan recoger las ideas y las esperanzas sembradas. Pero se puede, ¡vaya si se puede!
Todo tiene un origen, un principio, el cual, al volver la vista atrás pasados unos años, contemplamos sorprendidos, porque aunque creíamos en lo que hacíamos, nunca dimos por sentado que llegaríamos tan lejos. A día de hoy, de lo mejor que uno puede hacer por los demás es intentar dedicarse a lo que le gusta, manteniendo intacta la pasión que ello le produce. Es una empresa difícil y a veces utópica, pero, ¿no son las utopías lo que ha hecho progresar al ser humano a lo largo de la historia? |