La naturaleza manda y a veces, se encarga de recordárnoslo haciendo que nos sintamos como muñecos en sus caprichosas manos. No es algo a lo que el género humano se adapte del todo bien, pero en ocasiones como ésta, no hay más que darse por vencido y reconocer que nada se puede hacer, ni a nadie se puede culpar.
Sin ir más lejos, y lejos era adonde yo me proponía a ir, los planes de miles de personas se han visto truncados por la inesperada erupción del volcán islandés de nombre impronunciable. Y no es que haya sido inesperada la erupción, porque estas cosas se suelen saber con antelación; lo que ha sido inesperado es su influencia en el tráfico aéreo europeo y los consiguientes inconvenientes que de ello se han derivado. Y es que estamos a expensas de la naturaleza y no nos queda más remedio que vivir en armonía con ella, o al menos intentar adaptarnos a sus dictados. |