Hace unos días tuve una interesante conversación con un amigo al que aprecio. Mi amigo, trabajador en Canal 9, me comentaba que una de las informaciones que habíamos dado era inexacta. Se refería concretamente a la que apuntaba a la realización, por parte de productoras externas, de parte de los contenidos de los servicios propagandísticos del ente público. Según mi amigo nuestra información no era veraz, y me gustó escuchar su versión, aunque Beltrí me comentó que nuestro texto estaba contrastado con un buen número de fuentes.
Ayer, escondida en un rincón de la prensa, leí una breve noticia que hacía referencia a los periodistas que el pasado año perdieron su vida por llevar su visión de las cosas hasta su audiencia
Sea como fuere, lo interesante de la conversación no versó a mi parecer en nuestra discusión sobre la veracidad o no del asunto, sino en otro aspecto, que llegó cuando mi amigo me apuntó nuestra osadía y dureza al llamar a los trabajadores en el espacio de propaganda por su nombre y apellidos. “Trabajar allí es muy duro” me comentó y, en principio le contesté que imaginaba que sí. Sin embargo no pasaron dos segundos hasta que se nubló el cielo sobre mi cabeza y me salió del alma una continuación: “pero más duro debe ser renunciar a un trabajo porque lo que quieres hacer periodismo y no engañar a tu audiencia”. “Ya, pero hay que pagar una hipoteca, el colegio de los niños…” me contestó, y la cosa quedó ahí. Tampoco valía la pena alargarlo.
Ayer, escondida en un rincón de la prensa, leí una breve noticia que hacía referencia a los periodistas que el pasado año perdieron su vida por llevar su visión de las cosas hasta su audiencia, quién sabe si grande o reducida. Hay un baile de cifras que oscila entre 70 y 110, pero todos los informes hechos públicos en los últimos días coinciden en señalar que, si quitamos las zonas con conflictos bélicos, en los puestos más altos del terrible ranking llama la atención -es un decir- la presencia destacada de países como México, Colombia y Rusia, países que padecen unos sistemas opresivos, pero que, como son “amigos”, reciben menos críticas en nuestros medios que otros más incómodos para el sistema como los vilipendiados Venezuela o Bolivia. Quizás por eso los medios han decidido darle al luctuoso informe tan poco espacio y los periodistas que trabajamos en ellos nos hemos visto obligados a casi silenciar el sacrificio realizado por estos muertos que no merecemos llamar colegas. Qué duro es nuestro trabajo.
Genaro - 17-02-10 - 12:46h. A cualquiera lo meteis en el grupo de los periodistas! Yo puedo.
El error es llamar periodista al que no lo es, un periodista informa o crea opinión no desinforma. La definición para eso es mentiroso y si encima lo haces a sabiendas encima heres ruin y traicionero, aparte que tu ética y profesionalidad a mi particularmente me da risa. Qiuen no tiene que pagar facturas amigo? pero respetarse a uno mismo y tener dignidad me parece mucho mas importante
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