Llevo días dándole vueltas y creo que si no se lo cuento no voy a quedarme tranquilo: tengo la impresión de que soy un tío muy raro. No en general, que igual también, sino en lo ético; no sabría decirles, últimamente me siento un poco solo. Me pasó la primera vez con el tema de Román de la Calle y la censura en el MuVIM. El jueves por la noche los jerifaltes de la Diputación tomaron la decisión de censurar unas fotografías, y el viernes por la mañana, con Román de la Calle con mando en plaza, ordenaron retirarlas. A mediodía la censura era un hecho consumado y fue la Unió de Periodistes la que unilateralmente retiró el resto de la violada exposición. Ya el lunes, Román de la Calle dimitía. El gesto le honraba, especialmente por lo poco común que es en estos lares -que alcanzan todo el Estado-, pero de ahí a considerar al ex director como un héroe hay un trecho. A mi entender hizo lo mínimo que se podría esperar de una persona honrada, aunque lo deseable habría sido que el viernes hiciera uso de su autoridad en el museo, llamando a la policía nacional en caso de ser necesario, para defender nuestros derechos. Eso, desde mi punto de vista, habría sido lo éticamente correcto, pero ya les digo, no he visto ninguna reacción en ese sentido. |