El pasado sábado, dos fotos de un mismo suceso ilustraban la portada del diario El Mundo. En la primera se podía ver a la diputada Rosa Díez protegida por un grupo de guardeaespaldas mientras era recibida con protestas en la Universidad Autónoma de Barcelona en la que iba a dar una charla. En la segunda, se podía ver al decano de Políticas de la institución educativa cubierto de una pintura con la que le habían agredido en el mismo suceso. Las fotografías hablaban por sí solas, retratando la violencia con la que había sido recibida una política que busca generarla con sus declaraciones. Cada uno podía sacar su lectura de ellas; ver a Díez como una mártir; creer que en Cataluña hay grupúsculos de violentos; percibir la sensación de triunfo de la demagoga al conseguir que cuatro radicales justifiquen su discurso de odio; lo que quieran; pero esas fotografías no mentían. Eso había pasado.
Este acto de censura estalinista en la España del siglo XXI, este atentado contra los derechos de los ciudadanos, no encontró un hueco en la portada de El Mundo del sábado
Sin embargo, la presencia de esas imágenes, ese día, decía más cosas. Porque ese sábado, esas fotografías ocupaban escandalosamente el lugar que debían ocupar otras. Enseñan en la facultad de periodismo, si no el primer día, el segundo, que el hecho de que un perro muerda a un hombre no es noticia, sino que el hombre muerda al can. Por eso, un suceso tan poco extraño como el hecho de que una política que busca el conflicto lo encuentre representado por una decena de violentos (que ojo, entiendo que pueda ser noticia, además de resultar un hecho condenable), no debería destacarse nunca por encima de una noticia tan significativa como la que encabezaba otros diarios ese mismo día y debería haberlos encabezados todos: la práctica de la censura y la vulneración, por tanto, de la democracia en la Comunitat Valenciana por parte de los gobernantes del Partido Popular.
Como sabrán la Diputación decidió unilateralmente retirar de una exposición de fotoperiodismo, organizada por la Unió de Periodistas Valencians y que resumía el pasado 2009, las fotografías referidas al escándalo de corrupción que presuntamente alcanza a la cúpula del gobierno valenciano. Este acto de censura estalinista en la España del siglo XXI, este atentado contra los derechos de los ciudadanos, esta violación de la Constitución, y, aún más, esta burla y asalto al ejercicio del periodismo, no encontró un hueco en la portada de El Mundo del sábado; ni en la de ABC, La Razón, La Gaceta o, más cerca, el diario Mediterráneo de Castellón, cuyos lectores se ven más directamente afectados por este ejercicio dictatorial. Y son argumentos –lo constitucional, la censura de los medios (en determinados países, claro), la ejemplar democracia española, etc.- con los que sus principales firmas gustan glosar sus columnas.
Es más, con esos argumentos tratarían de justificar en El Mundo la presencia de la noticia de Díez en su portada, aunque el ataque de cuatro idiotas a la inventora de UPyD, suponga un atentado a nuestra democracia ridículo frente al perpetrado por Camps, Rus, Barberá y todos los que aún hoy no se han desmarcado del acto fascista perpetrado bajo su amparo (ni elegido a un cabeza de turco para que pague por él). Es lo grande del fotoperiodismo: su poder para retratar una realidad en una imagen que capta un instante. Ahora, por desgracia para todos nosotros, gracias al fotoperiodismo, muchos han quedado retratados tal como son. No dejemos que se olvide. Que sirva para algo.
Despús-ahir eren sis i ahir al matí deu els afectats per un brot de legionel·la a Calp l'existència de la qual la conselleria de Sanitat comunicava a la ciutadania just la vespra que es cobrara la seua suposada primera víctima. No obstant açò, mentre l'ens responsabilitat de Luis Rosado datava l'origen set dies arrere, la sanitat britànica ja alertava d'ell el 19 de gener. Dues hores després de ser qüestionada sobre al respecte per l'Informatiu, finalment la Conselleria reconeixia tres morts i 14 infectats.
L'endemà passat que el jutge que instrueix el cas Emarsa li imposara una fiança (amb l'exgerent de la depuradora de Pinedo Esteban Cuesta) de 25 milions d'euros, i un any i mig després que l'escàndol saltara a la llum amb ell ja en l'epicentre, el fins a ahir alcalde de Manises, vicepresident de la Diputació de València i militant del PP, Enrique Crespo va dimitir els seus càrrecs i va abandonar el partit per a preparar la seua defensa.
Un grup de joves reobrin el cinema de la Unió Musical de Llíria després del seu tancament l'any 2001. La iniciativa ha estat acollida amb èxit rotund per part del públic, revitalitzant així la vida cultural del poble.