Soy ex fumador. Durante casi una década y media fumé como un cosaco y sin respetar a nadie, por lo que, como penitencia de aquel comportamiento del que me avergüenzo, jamás pido a los que fuman a mi lado que dejen de hacerlo, aunque me moleste el humo de sus cigarros. Les cuento esto para que sepan que he estado a ambos lados del conflicto tabaquístico, y que así me he enfrentado a las declaraciones del gremio hostelero que, a través de sus diferentes delegaciones territoriales, salió ayer sincronizado en diversos puntos del Estado a decir que la nueva ley antitabaco sería devastadora para su sector.
En todo este asunto lo que más irritación produce es escuchar a los portavoces de los hosteleros mentir abiertamente
Lo cierto es que a los propietarios de los locales que realizaran una reforma para cumplir la timorata ley anterior, les supondrá una faena que ahora, tan solo cuatro años después, su inversión no vaya a servir para nada. El gobierno se debería responsabilizar de ello y, de algún modo, creando una brigada de inspectores por ejemplo, visitar los locales que presentaran unas medidas efectivas hechas ex profeso para la anterior ley (junto a sus facturas), y compensarles de algún modo (alguna rebaja fiscal temporal podría ser la solución). No sería, de todos modos, un esfuerzo económico muy importante, pues al menos en la Comunitat –me cuentan que tampoco en Madrid, y seguro que en alguna comunidad más- apenas se hicieron obras: el olor a fritanga y a humo no lo evitas a menos que el establecimiento prohíba fumar en todo el recinto. Algo que por fortuna sucede cada vez más a menudo.
Sin embargo, en todo este asunto lo que más irritación produce es escuchar a los portavoces de los hosteleros mentir abiertamente. “Sólo un país como Irlanda” -u otro similar, no me hagan buscar ahora cuál- “aplica ya una ley tan estricta como la que planea impulsar el gobierno” afirmaban ayer sin rubor, cuando lo cierto es que, al contrario, una de las pocas cosas de las que pueden presumir los países occidentales, es de la prohibición a rajatabla de fumar en espacios públicos. Casos paradigmáticos son los de Italia, donde se aplicó la ley antitabaco sin ningún problema en 2006 prohibiendo de modo tajante fumar en bares y restaurantes; o EEUU, donde prácticamente sólo se puede fumar en la calle y en el propio hogar (y en algunos casos –yo no llegaría tan lejos- ni eso). Y por cierto, en ambos países los bares y discotecas funcionan tan bien o mal como antaño (y en situaciones similares, no culpen a la ley de lo que sólo es culpable la crisis).
¿Cómo se atreven entonces a decir que ningún país llega tan lejos? Al contrario, lo único criticable al gobierno español es no haber sido firme desde un principio en este sentido. ¿Que se notará? Seguramente. Pero todo cambio social, todo avance, supone un sacrificio, que en este caso es además plenamente recompensado. Así que, amigos hosteleros, exijan que sea suave, compensaciones si alguno resultó perjudicado por la anterior ley, pero no mientan. Y si quieren, y aunque sea una leyenda –desde la experiencia se lo digo-, fúmense un pitillo para relajarse. Si puede ser, en la calle.
No fumador - 19-01-10 - 18:06h. Al comentari numero 1:
Jo vull anar a un bar, fer-me un café, tirar-me 4 pets ben pudents, i treure'm el piu i pixar sense mirar on cau. No puc tenir aquest plaer personal? Ningú està obligat a entrar. Si no volen que els pixe damunt, que no entren. No? És la meua elecció personal.
I no em digues que és de mala educació, perquè igual ho es que faces respirar a algú que no ho vol el fum del teu tabac.
He dit.
Prohibicionistes - 19-01-10 - 15:01h. Els prohibicionistes teniu un problema:
Jo vull anar a una bar, fer-me un cafè, una copa i fumar-me un cigarret. No puc tenir aquest plaer personal en un establiment ad hoc?
Ningú no estarà obligat a entrar.
Ninguna no està obligada a avortar.Ningú no està obligat a divorciar-se, però els rectors estan en contra.
Anar en contra de les eleccions personals, en qualsevol cas, sempre és reaccionari.
Un petó
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