“Podríamos ser héroes aunque sólo sea por un día”, canta David Bowie en Heroes, uno de sus clásicos. Y yo me atrevería a decir que la mayoría de nosotros somos héroes a diario, no sólo por una acción determinada, por unas horas, o por un momento único de inspiración o valentía, sino por cada simple detalle de nuestra existencia, que es, aunque parezca lo contrario, cualquier cosa menos anodina.
El peligro acecha en cada esquina de nuestro lugar de trabajo, en cada palabra que no agradece el esfuerzo realizado
Nuestras aventuras no transcurren en países lejanos, ni a través de desfiladeros con grandes precipicios, tampoco al cruzar bosques impenetrables y sombríos, y mucho menos al huir de fieras y monstruos que parecen venidos del averno. No, nuestras aventuras transcurren al atravesar los desiertos de nuestros dormitorios, al surcar los campos de batalla de nuestros salones, espacios donde a veces se libran las discusiones más feroces y apasionadas, pero desde donde también se contempla la mejor de las vistas.
Nuestras hazañas empiezan cada jornada a las seis de la mañana, con un quejido que llega tierno pero implacable, amable pero desvalido, desde la habitación de al lado. El peligro acecha en cada esquina de nuestro lugar de trabajo, en cada palabra que no agradece el esfuerzo realizado, en los grandes atascos que nos llevan a nuestras oficinas, en los vagones de metro plagados de miradas perdidas. Ahí es donde nos jugamos la vida, ahí es donde nos encontramos a la gente que importa, héroes involuntarios del día a día.
De los que no salen en las portadas de los diarios, de los que no se acuerdan los que tienen su futuro entre sus manos. Bueno, a veces sí se acuerdan de ellos, y como si de la película Juan Nadie se tratara, ven necesario poner cara a esos héroes anónimos para que dejen de serlo. Pero no lo hacen por nosotros; lo verdaderamente triste es que lo hacen por ellos mismos, para sacar rédito, como han hecho casi siempre. Y digo casi, porque afortunadamente algunos, equivocados o no, aún guardamos con nosotros una última bala: la bala de la esperanza.
hoyo - 09-12-09 - 11:25h. Ver el artículo de Jorge Martí y al lado la cara de Camps saludando a un jeque árabe, es para que se te caiga el alma a los pies. La vida sigue igual, como diría julito, por un lado buenas ontenciones, por el otro buitres y carroña, por un lado cumbre de copenhague, con sus buenas intenciones, por el otro: "dejemos lo para dentro de 50 años, que eso del cambio climñatico es mentira...". Lo dicho, sin alma y con pies de barro.
Eixa és la impressió que es desprén del seguiment del primer dia de vaga en el sector de l'educació pública no universitària. Ja fóra el 90% indicat per la Conselleria o el 65% xifrat pels sindicats, la veritat és que malgrat el dur atac del Consell i l'Estat a l'educació i els seus transmissors, la immensa majoria dels professors van acudir amb normalitat a les aules, i llançaren l'inequívoc missatge que encara poden suportar més.
La seua carta de presentació és l’ambició. El nou secretari general de Joves Socialistes del País Valencià aspira a duplicar la militància de l’organització juvenil i sumar, entre ells, la joventut que comença a despertar i a participar de les mobilitzacions socials.
El “teatre de resistència” repetirà experiència en el barri valencià. El Festival Cabanyal Íntim portarà de nou les arts escèniques d'avantguarda a l'interior de les cases en perill de demolició, per a reivindicar la supervivència del conjunt històric.