No me digan que no lo han pensado. 6 millones de euros al año durante 70 años y 500 puestos de trabajo garantizados. Eso es lo que el Estado pretende pagar a la localidad que albergue el cementerio nuclear que España necesita construir para esconder los resididos que generan sus centrales nucleares. Y con semejante beneficio, ¿cómo es que la Generalitat Valenciana no se ha lanzado, no solo a ofrecer un pueblo, sino todo el subsuelo de la Comunitat? Porque no me dirán que es por su interés en la defensa del medio ambiente.
¿Cuándo se llegará a la situación de no retorno? Es difícil de deducir, pero cada vez es más frecuente ver los signos de ahogamiento
Fuera –relativamente- de coñas, el debate sobre el cementerio nuclear ha puesto oportunamente en la escena pública un aspecto muy interesante: la incapacidad de los municipios, ahora que la venta de suelo para la especulación inmobiliaria ya no ofrece ingresos a los municipios, para obtener financiación para sus presupuestos. Y yo añadiría aún algo más: la evidencia de que el déficit de los organismos públicos, ya sean municipales como en este caso, o provinciales o autonómicos, no es infinito. Lo que lleva, llegados a un punto límite, a que los gobernantes tomen medidas desesperadas.
De ahí el título de esta columna. La Comunitat se encuentra fuertemente endeudada, prácticamente más allá de lo que permite la legislación, y ha llegado hasta esa situación, con el permiso y la connivencia de la ciudadanía, después de años en los que los sustanciosos ingresos fruto de la depredación del territorio no fueron suficientes para compensar los enormes dispendios en fuegos fatuos; inversiones en eventos que prometían venir acompañados de riqueza pero que, además de devenir en fracasos, han dejado –como dicen los expertos del BBVA, a los que no se podrá tachar precisamente de izquierdistas- a la Comunitat en la peor situación del Estado para salir de ésta. ¿Cuándo se llegará a la situación de no retorno? Es difícil de deducir, pero cada vez es más frecuente ver los signos de ahogamiento. Cuando llegue el momento, quizás haya que tomar medidas desesperadas, como la de vender nuestro subsuelo para albergar residuos nucleares. Y quizás sea entonces, ahora sí gracias a nuestros actuales gobernantes, cuando la Comunitat brille con luz propia.
Eixa és la impressió que es desprén del seguiment del primer dia de vaga en el sector de l'educació pública no universitària. Ja fóra el 90% indicat per la Conselleria o el 65% xifrat pels sindicats, la veritat és que malgrat el dur atac del Consell i l'Estat a l'educació i els seus transmissors, la immensa majoria dels professors van acudir amb normalitat a les aules, i llançaren l'inequívoc missatge que encara poden suportar més.
La seua carta de presentació és l’ambició. El nou secretari general de Joves Socialistes del País Valencià aspira a duplicar la militància de l’organització juvenil i sumar, entre ells, la joventut que comença a despertar i a participar de les mobilitzacions socials.
El “teatre de resistència” repetirà experiència en el barri valencià. El Festival Cabanyal Íntim portarà de nou les arts escèniques d'avantguarda a l'interior de les cases en perill de demolició, per a reivindicar la supervivència del conjunt històric.