Es humor negro que se quiera empapelar al empapelador por impulsar un acto de justicia, clamor de millones de ciudadanos
Es humor negro que se quiera empapelar al empapelador por impulsar un acto de justicia; clamor de millones de ciudadanos: desvelar la verdad de lo funesto que fue el franquismo; reescribir los libros de texto para los jóvenes, llamando al pan, pan, y al vino, vino. Como han pedido asociaciones cívicas, hay que redefinir históricamente al franquismo, no como un régimen “totalitario” llevado por un viejecito que pescaba truchas sino como régimen fascista-clerical, dirigido por un señor cuyo único humorismo era decir “a ese darle café”, cuando se decidía asesinar a un catedrático de Física.
Ahora, con el neofascismo sociológico llamando a las puertas de la democracia, seguimos un poco igual, se habla de fútbol; la novedad es que también de política pero para denostarla y adoptar un desdén que favorece el populismo (ya saben, Mussolini, Perón, Berlusconi, Aznar, Quim Il Sung…) que acecha desde fundaciones, partidos, periódicos, televisiones, radios y sacristías. Eso es un escorpión mero en el nido democrático.
La frase de mi buen padre evidencia que los árboles de la transición no le impidieron ver el bosque, más bien el berenjenal, en que se quiere meter de nuevo al Estado. Me miraba ya octogenario, enfundado en su batín de felpa, como un sabio que pela un higo en su jardín, y advertía que los socialistas, pese a sus buenas intenciones, lo tenían crudo porque en la judicatura española se escondían muchos conservadores.
No llegó a disfrutar de jueces como Garzón ni, por fortuna, asistió a la aparición de una prensa feroz al servicio de la oligarquía. Murió en paz con los demás y consigo mismo, ligero de equipaje, muy lejos de la ideología, muy cerca del zen.
Mejor que el viejo no vea lo que está pasando. ¿Cómo es posible que exaltaciones del fascismo estén prohibidas y penadas en Europa y que aquí no se impida el reciente homenaje a los muertos por Hitler en el cementerio de La Almudena de Madrid, con el brazo en alto? Ni siquiera esos agresivos adoradores de la Momia tienen derecho a apropiarse de los chicos que fueron a luchar a Rusia.
La moraleja de este artículo es la siguiente: cuanto más fascistas se pongan estos señores de la derechona, más rojos nos vamos a poner nosotros, quienes, ojo al dato, no pedimos la dictadura del proletariado, sino, como el gran Oscar Wilde en el libro que ofrece el diario Público mañana, recuperar el alma del hombre bajo el socialismo. Y como dijo el mismísimo Jesús de Nazaret, “la Verdad os hará libres”. A por ellos, que son pocos y encima, analfabetos.