Se abre la paraeta y aquí seguimos. Y eso que el tsunami mediático deportivo del verano ha dejado algunas redacciones más vacías que la biblioteca de Vicente. Las aguas bravas, de momento, no han llegado a este encuentro semanal. Realmente ayuda a seguir en tu sitio no haberle dicho a mi director que la columna la iba a escribir "tu prima la coja", como le espetó Paquito González al mandamás de la SER cuando le requirió hacer un programa del Mundial. Tampoco me han propuesto ser un empleado low-cost, que es lo que ha hecho que muchos periodistas no estén en septiembre en la empresa que les pagaba en julio (y no me refiero a nadie, es solo un mes). Sea como fuere, para algunos la vida sigue afortunadamente igual.
No solo los cambios laborales de la canallesca se repiten cada año. Estas fechas nos trae algunos clásicos que pasan de soslayo, que apenas molestan, pero que yo revivo durante toda la temporada. Se ha vuelto a repetir el intento de rebelión de los 'pequeños’ frente a los todopoderosos Madrid y Barça por cuestiones televisivas. Todos los años, al acabar la liga se les llena la boca a los del segundo escalafón con amenazas si no reciben más dinero por lo suyo. Y como siempre, a la hora de la verdad, la vida sigue igual. Cuando tienen que negociar, cuando tienen que exigir y hacer valer sus amenazas de escisiones y paros, nada de nada. En junio acabará la liga y veremos otra vez pechos hinchados y discursos altivos denunciando el injusto reparto. Y en septiembre ya nadie lo recordará. Como nadie se acuerda durante el año de las cabotàs, los tejemanejes, el mercadeo y los abrazos que se reparten en las asambleas de la Liga y la Federación. A final de temporada es allí donde se deberían resolver esos problemillas que atosigan durante el año. ¿O creen que no se volverá a hablar de que si los árbitros tenían que ser más profesionales para evitar persecuciones y escándalos? ¿No se hablará este año de que el calendario no estaba bien estudiado y roza lo inhumano? ¿Oiremos a los dirigentes decir que la Copa debería estar más valorada? Temillas recurrentes durante la temporada que nadie recuerda al que lo suele denunciar. Su mamoneo en las reuniones pertinentes hace que quede pendiente su solución. Algún día, al inicio de estas asambleas, sonará por megafonía la voz del señor Lobo pronunciando su célebre frase de Pulp Fiction. |