Mañana te levantarás a la misma ahora que todos los miércoles, aunque seguramente, después de la ducha, te detengas un rato más ante el espejo que vuelve a cubrirse de vaho estos días después de meses sin hacerlo. Porque mañana no habrá prisa por llegar a ese puesto de trabajo que por fortuna conservas. Mañana te sumarás a la huelga general. Y seguramente, en ese rato frente al espejo, se mezclen en ti los sentimientos de rabia, tristeza y orgullo.
Rabia, al recordar cómo la campaña de desprestigio orquestada desde todos los estamentos del sistema, parece que caló en la ciudadanía. Hasta tú mismo, aunque te parezca mentira, llegaste a sentir miedo y aislamiento cuando solicitaste en tu trabajo los papeles para acreditar que ibas hacer uso de tu derecho a la huelga. Pocos o casi ninguno de tus compañeros hablaban del tema estos días y si lo hacían era para acreditar que habían aprendido bien la lección con que regularmente se les adoctrinaba en los medios: "la huelga va a ser un fracaso". |