Centro de València, interior, día. Popular horno de nuevo estilo que estrangula sin remedio a la panadería vintage. Es amplio y acristalado, no hay televisión, tiene cafetería, bocatería, bollería, borrachería, diarios, pan, mesas y sillas; y dos elementos muy astutos: camareras jóvenes y diáfanos tabiques verde manzana. El éxito -¡qué les voy a decir a ustedes, queridos lectores!- espectacular.
Merced a estos santos lugares, el solitario sin más querida que el tercio de cada mañana, la matusalena que deja a su cagoncete atado al farol, el estudiante, las viejas cotorras, los energúmenos abuelos… en fin, la gente corriente, dispone de un escenario donde encontrarse a diario y sentir, por unas horas, las escasas calideces humanas de una sociedad cada vez más cruel.
El cliente monta en cólera, como lo haría Griffin padre en la misma situación, arranca el panfleto y lo acusa de racista
Aquí, aquel que no liga ni en un campamento femenino por ¡vete tú a saber qué viejas represiones!, fantasea con las chicas de la barra; las venerables damas jubiladas se sienten más jóvenes haciendo tertulia frente a un buen cortado descafeinado de máquina sin tocar; mucho más animadas que en las -¡vintage!- mesas camillas con brasero de antaño. Esos hornos recuerdan un poco a las brasseries francesas, aunque con menos “charme”, todo hay que decirlo. Pero volvamos a la acción. En esas, una mañana cualquiera, un cliente habitual descubre pegado junto a la caja un panfleto realizado en ordenata por alguien que alerta al mundo sobre el peligro de que “las bandas rumanas le engañen haciéndole oler un perfume que no es tal, sino una droga para robarle”. El cliente monta en cólera, como lo haría Griffin padre en la misma situación, arranca el panfleto y lo acusa de racista. “¡Y además soy rumano!” exclama el tío, tan valenciano como Joan Fuster. El cliente enfurecido recuerda que eso denigra a los rumanos pues los hay, y muchos, que curran para sacarles las castañas del fuego a los… ¿blancos?
El cliente que, por fortuna para nosotros los cronistas, es lector de prensa, le arranca de las manos a un jubilado el Levante EMT y busca una información, la encuentra, rasga sin contemplaciones la página y la pega junto a la caja. Toda la parroquia mira animada. ¿Qué dice la información? Pues que un empresario local ha sido empapelado por subemplear a una veintena de trabajadores rumanos y no pagarles el sueldo. El cliente se vuelve a su público, como haría un espadachín del XVIII y lanza un breve mitin: “Poner eso del perfume junto a la caja, además de ser nazi, intenta asustar a la gente y maltrata a los ciudadanos de ese país. ¿Entendéis lo que os digo, devoradores de estiércol televisivo?”.
Un anticipado jubilado, cuyo padre estuvo en la División Azul, se anticipa de nuevo enarbolando su bastón de pino. Secuencia final: el cliente pone pies en polvorosa, y sin pagar el pan. Moraleja: al día siguiente, el dichoso panfleto xenófobo y asustaviejas, luce aznarísticamente arrogante, pegado de nuevo junto a la caja registradora. El cliente se resigna. Paga, agacha la pelota y se va. Pero aunque esta historia urbana acabe mal, ¡eah! que las Fallas y el Dios Marzo están a la vuelta de la esquina. Alegraros, hermanos con la buena nueva, ¡regresa El Caos!
Tretze imputats, cap d'ells càrrec públic, hauran de respondre davant la justícia per les primeres irregularitats detectades en relació amb l'organització de la visita del Papa a València en 2006. Un nou escàndol a sumar a la llarga llista que posa en seriosos dubtes els criteris de contractació del Consell de Francisco Camps en els anys en què es van buidar les arques públiques valencianes.
Quasi dos anys després que el cas saltara a la llum, el cèrcol judicial se segueix estrenyent al voltant de l'ex secretari general de RTVV, Vicente Sanz. Ara, la seua primera imputació per presumpte delicte d'abusos sexuals a tres treballadores de Canal 9, passa a ser per tres presumptes delictes d'abusos sexuals susceptibles de ser qualificats en la modalitat agreujada, tres d'assetjament sexual i altres tres d'amenaces, tots ells continuats.
El bloqueig per part del PSPV a la renovació dels membres del Consell d'Administració de RTVV duu a Enric Morera a parlar d'un pacte entre PP i PSOE que s'estendria fora de l'ens. Una denuncia que va despertar la reacció del diputat socialista Josep Moreno.