La penúltima vez que hablamos estaba medianamente feliz. Después de un tiempo sin encontrar trabajo de lo suyo, llevaba una semana empleada como técnica en una empresa con un interesante volumen de producción que sirve productos a Mercadona. El lugar de trabajo estaba a varias decenas de kilómetros de València, pese a ello la jornada era partida —una estupidez muy común en esta España nuestra—, y, como tantas otras veces, no tenía del todo claro cuál iba a ser exactamente su retribución, pero pese a estos inconvenientes no acababa de desanimarse. Quizás esta vez, con los 30 bien pasados de largo, era la buena.
"Es una empresa familiar", "están chapados a la antigua", "seguramente Mercadona les apriete mucho, ya sabes, siempre precios bajos", se excusaban. Unos y otros temían perder su puesto de esclavitud
Sin embargo, cuando hablé con ella anteayer, estaba totalmente abatida. Lo largo de las jornadas laborales (a las que sumaba el tiempo de los viajes de ida y vuelta y las horas muertas entre mañana y tarde), así como el dinero gastado en gasolina y la escasa recompensa reflejada en la primera nómina (muy por debajo de su cualificación y la tarea que desempeña), habían hecho mella en ella. Pero eran lo de menos. Todos los días acaba haciendo minutos de más, y la cosa se fue estirando enseguida hasta que su superior directo le pidió que trabajara horas extraordinarias; y cuando preguntó qué compensación tendría por ellas, le dijeron que ninguna. Se negó a hacerlo y trató de encontrar la solidaridad de sus compañeros, pero lo que recibió fue el silencio. Todos las hacían, bastantes; y como ella, regresarían a sus casas con solo diez horas por delante antes de regresar de nuevo al tajo. "Es una empresa familiar", "están chapados a la antigua", "seguramente Mercadona les apriete mucho, ya sabes, siempre precios bajos", se excusaban. Unos y otros temían perder su puesto de esclavitud.
Ella, una de las mujeres más maravillosas que he conocido, me dijo que, pese a la soledad en que se encontró, no había dudado en seguir tratando de salir a su hora en la medida de lo posible, y en explicar a sus superiores, pese a que su puesto peligrara, cuáles eran sus motivos. No obstante, pese a su dignidad, pese a las ganas de trabajar que tenía y que siempre ha tenido, pese a haberla visto caer y levantarse mil veces, esta fue la primera vez que me dijo que ésta era la última. Y su tono parecía confirmarlo. Me hablaba de que, tras años de explotación, tanto en trabajos humildes, como en otros cualificados (entre los que hubo becas universitarias sin cotizar a la Seguridad Social), ya le daba igual trabajar donde fuera. Me hablaba, con todo lo que ella vale, de huir. ¿Quién tiene la culpa de todo esto? ¿Puede alguien hacerme creer que las medidas que se están tomando son para solucionar esto? ¿Que cuando reforman el mercado laboral o endurecen las condiciones para obtener una pensión digna piensan en ella? ¿En nosotros?
Carlos - 10-02-11 - 00:37h. Cada vez somos más licenciados, cada vez más gente capacitada pero los negocios en manos de los de siempre.
Mi caso es el de una persona con una licenciatura, máster, post-grado,...pero que aún no ha trabajado en nada mínimamente cualificado, en ninguno de los múltiples trabajos de mula de carga que he desarrollado. La excusa, variada: que si tenía que haber estudiado otra cosa, que sí debía de saber idiomas, que si debía de tener más másters, postgrados, estudios,...
Pero en cambio, se ha dado el caso que para la persona que trabajaba, la que estaba por encima mía la única capacitación que tenía era haberse acostado con la mujer del propietario del negocio.
Al final, siempre se nos dan mil excusas que esconden una cruda realidad: que somos un país de caricatura, donde ser trepa, no tener escrúpulos y estar apadrinado por alguien "influyente" vale más que las ganas, la capacitación y la valía personal.
Yass - 09-02-11 - 23:35h. Poco a poco cada vez hay más. Licenciados, diplomados, autodidactas... Igual yo no veré el cambio pero mis ojos abiertos, escrutando el día a día me dejan ver q se está produciendo un cambio. Sutil, pero ahí está.
Yass - 09-02-11 - 23:35h. Poco a poco cada vez hay más. Licenciado, diplomados, autodidactas. Igual yo no veré el cambio pero mis ojos abiertos, escrutando el día a día me dejan ver q se está produciendo un cambio. Sutil, pero ahí está.
Elena - 09-02-11 - 09:43h. Somos muchas las que nos sentimos igual y soñamos con escapar de este país lleno de gente capacitada que sólo puede ser explotada por los empresarios españoles que lo único que valoran son las horas trabajadas a mínimo coste. Escapemos como podamos. Yo prefiero ser autónoma y luchar por mis ingresos, que sean muchos o pocos, me los he ganado. Por lo menos sólo me explota hacienda.
Aliens - 09-02-11 - 09:06h. Juan Tur, :
Permiteme un "recordatorio" sobre la mencionsda firma de distribucion de alimentos: MERCADONA, que fue de las que fueron citadas por el Presidente Zapatero, a la reunion de las emrpesas de España, para plantear las soluciones.
¿Donde esta la Inspeccion de Trabajo?, ¿ Donde esta la Fiscalizacion de Hacienda? en las inspecciones de "beneficios" los cuales deben ser suculentos, y ¿Seguro que conctribuyen a la Nacion" España"?, con lo que en un buen comportamiento deberian.
Donde estan las acciones sindicales, que luego vienen a "pedir" los votos sindicalistas...
..... y un largo Etc en estos contextos, que es lo que tenemos actualmente y "siempre ha sido asi, " desde los tiempos de la Dictadura, y de la Democracia, pero no admisible en un Estado Actual, De derecho, Democratico, y Socialista.
... y luego le concedan o den las MEDALLAS AL BUEN Sr. Propietario de Mercadona, y le reconozcan con.....bla, bla, y bla.
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