Con la avalancha de opiniones vertidas sobre la situación del barrio del Cabanyal desde que el gobierno central interviniera para frenar su destrucción respondiendo a la llamada del Tribunal Supremo, cabría pensar que poco queda por apuntar. Sin embargo, a mí se me hace un nudo en el estómago al pensar en un aspecto del asunto que todavía, quizás por despiste mío, no he visto mencionar a ningún colega. Y es el de la existencia, cierta y numerosa en el barrio, de muchos vecinos que culpabilizan de su estado de degradación a aquellos que se oponen a su destrucción, o simplemente a abandonar sus casas por precios infinitamente inferiores a los que marca el mercado. |