Las calles andan repletas de chicas. Las unas indígenas, las otras foráneas, veinteañeras bien puestas y arregladas como para ir a una boda, minifalderas las anglosajonas y muy barbies las hispanas, pero todas vocingleras y gamberras. Maquilladas con el primor de las beldades de los años cuarenta; unas a lo Greta Garbo, otras a lo Marlene Dietrich, muchas a lo Ingrid Bergman.
Desde el punto de vista hetero, uno no tiene suficientes ojos ni en el pecho suspiros como para asumir tan estimulante espectáculo.
En el tutilimundi veraniego que se organiza desde el jueves hasta el sábado en las noches en uve, más por noches viciosas que por valencianas, las chicas son mayoría absoluta. Abarrotan como cardúmenes de sardinas o bandadas de pájaros la entrada de los garitos de moda. Y la mezcla de sus risas, andares, miradas y perfumes convierte el calor de la noche en un estallido de sexo vibrante.
Las muchachas de las que hablo son bien guerreras. Sugieren una combinación megamoderna de Madonna, Gloria Estefan, Amy Winehouse y Alaska, entre otros iconos de la liberación femenina. |