En Valencia tenemos unos políticos excepcionales. Los que mandan, digo. Aunque un 43% de los votantes decidieron no verlo hace tres años, aunque se empeñen algunos articulistas de este medio –que todos sabemos qué intereses tienen- y de otros del mismo pelaje en intentar demostrar que nuestras primeras autoridades se equivocan, que abusan y mienten; aunque esa minoría que no cree en nuestros dirigentes intenten desviar nuestra atención en temas que a nadie nos interesa, a mí no me convencen ante lo evidente: nuestros políticos son excepcionales.
Y es que sólo hay que ver lo que pasa en el deporte, donde la gran mayoría de clubes intentan buscar la fórmula para conseguir ingresos que le permitan subsistir durante la larga temporada. Los clubes pequeños, los que no arrastran miles de seguidores, languidecen a la espera del milagro de la supervivencia (balonmano, waterpolo, rugby, etc.). Los de fútbol de primer nivel ya no saben cómo conseguir patrocinadores para no tener que depender de reclasificaciones de terrenos y/o fundaciones subvencionadas. Y los de segundo nivel esperan el abracadabra del mes para no sumarse a la larga lista de equipos no profesionales que ya ni son noticia por encerrarse en el vestuario, bajarse los pantalones en el campo o vender pañuelos en un semáforo como protesta. |