Desde el pasado jueves por la noche, los valencianos —más concretamente los que hasta ahora podían, que no eran todos— ya no podemos ver los canales de TVC en televisión. Desde entonces, solo podemos hacerlo por internet (de nuevo, no todos), aunque solo con la posibilidad de ver los programas para los que la televisión autonómica catalana tenga la licencia para poder hacerlo por este medio. Ahora, pese a la proximidad geográfica, tenemos tantas facilidades para seguir sus espacios como un australiano, por poner un caso. Sin embargo, lo que nos permitía ver "la catalana" no era la proximidad, sino una inversión económica en tecnología y energía que permitía trasladar la señal hasta nuestros receptores. Una inversión (instalaciones de amplificadores para mejorar la recepción en las fincas al margen) que siempre ha realizado la entidad Acció Cultural del País Valencià (ACPV). Sin ella habríamos tenido la misma oportunidad de verla como los australianos hasta la llegada de internet: ninguna.
Parecía que era gratis, pero no lo era, aunque nadie lo dijera, y me temo que resultará difícil ahora, en los tiempos del "todo gratis", reeducar al personal, contarles cómo funcionaba la cosa, y que si antes no tacaba pagar, ahora toca
Ahora, después de que el Consell haya apretado las tuercas a ACPV y conseguido hacerles claudicar y cortar la emisión, precisamente aprovechando su falta de liquidez para afrontar las multas debido al impago de los compromisos que la Generalitat catalana —su principal benefactora— tiene con ella, se alzan las críticas que claman contra "la censura"; pero aunque es manifiesta la intencionalidad de las nuestras instituciones de ahogar a la entidad y forzar el agravio con Cataluña, en la ecuación aparecen tantos actores realizando acciones u omisiones interesadas que personalmente no me siento cómodo utilizando aquí esa definición.
Lo único cierto es que los valencianos nos hemos quedado sin la posibilidad más cómoda de ver los canales de TVC y que, mientras desde Cataluña no canalicen fondos a ACPV para que ésta se los facture a las arcas públicas valencianas en forma de pago de multas, lo único que nos queda, si queremos que las emisiones continúen, es ayudar a ACPV a pagarlas. Lo malo es que es ante esta perspectiva cuando uno se acuerda de aventuras como InfoTV y tantas otras, que no encontraron el respaldo de la sociedad civil y empresarial valencianas para mantener en pie su aventura, por reconocida y transparente que fuera su valía y aportación. TVC, claro, tiene más audiencia aquí, pero nunca costó nada —o muy poco— a los que la veían. Parecía que era gratis, pero no lo era, aunque nadie lo dijera, y me temo que resultará difícil ahora, en los tiempos del "todo gratis", reeducar al personal, contar cómo funcionaba la cosa, y que si antes no tacaba pagar, ahora toca. Suerte.
Eixa és la impressió que es desprén del seguiment del primer dia de vaga en el sector de l'educació pública no universitària. Ja fóra el 90% indicat per la Conselleria o el 65% xifrat pels sindicats, la veritat és que malgrat el dur atac del Consell i l'Estat a l'educació i els seus transmissors, la immensa majoria dels professors van acudir amb normalitat a les aules, i llançaren l'inequívoc missatge que encara poden suportar més.
La seua carta de presentació és l’ambició. El nou secretari general de Joves Socialistes del País Valencià aspira a duplicar la militància de l’organització juvenil i sumar, entre ells, la joventut que comença a despertar i a participar de les mobilitzacions socials.
El “teatre de resistència” repetirà experiència en el barri valencià. El Festival Cabanyal Íntim portarà de nou les arts escèniques d'avantguarda a l'interior de les cases en perill de demolició, per a reivindicar la supervivència del conjunt històric.