En las últimas 48 horas he estrujado los escasos recursos que vagan por mi cabeza, cansada y cada día más canalla, en la búsqueda de un tema periodísticamente atractivo. El debut de un niño de 17 años, Joel Johnson; el pasado, presente y futuro de un ídolo personal como Rubén Baraja o el plan de ahorro en la construcción del nuevo Mestalla. Aunque parezca mentira, una idea tras otra ha rondado por mi memoria de pez. Pero al final, a lo peor por mi incapacidad de vertebrado acuático, todos mis pensamientos desembocaban para resumirse en una frase facilita y sin adornos: “Hay que eliminar al Werder Bremen”. Sé que va a sonar a tópico. No lo es. Los 180 minutos que se jugarán a partir de esta noche contra el equipo alemán van a ser los más importantes de la temporada 2009-2010.
El Valencia, a veces, se comporta como ese estudiante con talento, pero desganado, al que sus padres le ponen firme con alguna colleja bien merecida por su desidia y sus aprobados raspados cuando debería llegar cada trimestre a casa con un ocho de nota media como mínimo. No se pongan blanditos, ni sean ‘friki-progres’ impulsores de la ñoña teoría del papá amigo. Un guantazo a tiempo, a veces es necesario y no tiene nada de maltrato. Los que los hemos sufrido, lo sabemos mejor que nadie. Manuel Llorente ha sido educado en esa vieja y efectiva escuela y, por ello, acompañado ayer por Fernando exigió más al entrenador y a los máximos responsables deportivos de la plantilla -Unai Emery, Juan Carlos Carcedo, Pako Ayestarán y Jordi Candel-. Ya no son niños, por lo que el cachete fue sólo metafórico y, claramente, extensible a los jugadores. |