Menudo disgusto. Y yo que pensaba que lo de este 2010 era algo sublime, el mayor logro de la historia del fútbol. Y va y resulta que ya lo hicimos; que en realidad ya lo hemos hecho en muchas otras ocasiones. Burlarnos de la muerte y dar el golpe es algo casi cotidiano en Orriols. A ver qué contamos este lunes en el Ateneu Marítim Felip Bens y yo, cuando presentemos el libro conmemorativo de este ascenso: «La gesta del segle». No es la primera gesta, y mucho me temo que tampoco será la última.
Ha ocurrido muchas veces pero la más parecida sucedió en 1952. Antonio Román, tal vez el mejor presidente de la historia del club, llegaba a un Llevant recién descendido a Tercera, tras dos años de cambios de directiva y ridículo espantoso, con deudas a los futbolistas y un déficit que auguraba la liquidación. Román resolvió la papeleta, pero le esperaba el mayor reto de su vida: el desahucio del campo de Vallejo por impago del alquiler. El Llevant UD puso en marcha una complicada operación de ingeniería financiera para poder comprar el campo.
Román sedujo a las autoridades, convenció a un grupo de empresarios para que avalaran al club y, con la contribución de los socios, que adelantaron el coste del abono de los quince años siguientes, el Llevant consiguió los casi seis millones de pesetas que necesitaba para quedarse su campo en propiedad. La locura transitoria de los levantinos y el ingenio de Román —que en poco tiempo puso al Llevant rumbo a Primera—, permitieron al club salir de la crisis más salvaje vivida hasta la fecha.
Parece una broma de mal gusto, pero más de medio siglo después el Llevant UD está pasando por un trago muy parecido, prácticamente repitiendo las mismas estaciones. Primero la vergüenza del vodevil accionarial y el vacío de poder; tras ello, la irrupción trascendental de un nuevo presidente abanderando una gestión cabal alejada de los vicios de antaño, y, finalmente, un problema descomunal en el camino que amenaza gravemente la existencia del club. |