El Dr. House suele decir con frecuencia en sus andanzas hospitalarias que prefiere ser coherente a caer bien. Como seguidor de la serie puedo dar fe de que lleva a gala este principio, y de que no dedica ni un segundo a mejorar su imagen en su entorno. ‘Déle 20 gramos de antihistamínico, puede salvarle la vida, porque si no se calla, la mato’. Valga como ejemplo.
Yo no sé si el actual entrenador del Valencia es fiel seguidor de la doctrina del galeno televisivo, pero últimamente me quieren hacer ver a Unai Emery con barba de tres días y una sensible cojera. No cae bien. Es un síntoma pronosticado sólo en el sistema valencianista, y aunque esté detectado y controlado afecta al órgano más importante: el de la afición.
No es una rara enfermedad. Algo parecido le pasa a Manolo Jiménez en Sevilla. Tiene al equipo pendiente de jugar la final de Copa, en octavos de final en Champions y en cuarta posición en la Liga. Pues tampoco cae bien. Todo se les discute a ambos, se engrandece lo negativo y se ve como normal lo positivo. El día que Jiménez o Emery decidan no dar entrevistas a ningún medio de comunicación –como hace el intocable Guardiola- es posible que se vieran forzados a la inyección letal. |