Esta semana voy a hablar del edificio Veles e Vents, o mejor dicho de esos edificios que hay en nuestra ciudad en los que se ha invertido mucho dinero y luego no se usan para nada, perdón, para casi nada.
Lamentablemente creo que el Veles e Vents no es el único, pero coincide que el sábado, por motivos laborales, estuve allí y me sorpendió que hasta las 13:00 h. del mediodía no ví ni un alma pasear por la zona. Durante toda la mañana sólo algún extranjero de turismo por Valencia se dejaba caer por las inmediaciones del mismo pero ni se paraba a tomar un respiro. Quizá se preguntaba dónde parar a tomar algo. No me dió tiempo a comprobar todos los garitos y locales de la zona, pero por los que pasé de casualidad estaban cerrados. Sólo el restaurante -algo pijo y supongo que poco económico- del mismo edificio estaba abierto, pero no entró nadie desde las 11:00 de la mañana hasta las 15:00 horas que estuve allí. Para no mentir y serles sincera, a partir de las 13:00 empezaron a llegar los invitados de una boda de “alto copete” que se celebraba ese día, me dijeron que era del hijo de un empresario de la Comunidad Valenciana y a la que el popular Jose Joaquin Ripoll asistió como invitado. |