Vulnerable, a merced de los vientos, de la naturaleza, de las decisiones de terceros; también de las propias. Vulnerable porque no puedes sentir lo que otros sienten, aunque lo intentes. Vulnerable porque no alcanzas a comprender lo que puede estar pasando por la cabeza de alguien, en un momento que puede ser crucial para su existencia.
Cuando se superan los 7.000 metros uno depende de sí mismo, dicen los expertos alpinistas en estos días en los que la tragedia se ha cernido sobre el Annapurna, y tienen mucha razón. Pero los 7.000 metros pueden estar más cerca que esos colosos que se levantan en Nepal y alrededores.
Caminando cuesta arriba y ascendiendo nuestros diarios “ochomiles” particulares, respiramos con dificultad por el esfuerzo y la altitud, y evitamos el mirar abajo. Atrás siempre miramos, y eso que no nos es posible volver al pasado, pero lo que es abajo, mejor no hacerlo, porque lo que nos encontremos puede que no sea de nuestro agrado y nos impida seguir avanzando; vértigo lo llaman. |