¿Iban a silenciarnos por exponer los tejemanejes del Nuevo Orden Mundial? ¿Aparecería colgando del techo de mi habitación junto a una carta de despedida que no parecía escrita con mi letra?
Para entonces, ya me habían llamado de todo el mundo. Bueno de casi todo el mundo. En Madrid era fiesta y tenían que llenar páginas con cualquier cosa; en Cataluña han visto que había un teletipo de Europa Press, así que El Mundo ha decidido regalar a sus lectores con una crónica sobre el grupo Bilderberg, y contarlo como si fuera una exclusiva. Y como les ha parecido innecesario mandar a un periodista, me lo han pedido a mí.
Al poco tiempo ha llegado Quique, el fotógrafo de Barcelona, a quien –por deferencia- tampoco le han dicho ni a dónde ni a qué iba. Hubiera ayudado que se presentase con un zoom de 800 mm., pero para qué romper el embrujo de la improvisación. Mientras llegaba, dudaba que al final mandaran fotógrafo, he liado a Oscar, un antiglobalización muy majo y con cámara. Para cuando ha llegado Quique, ya estábamos saboreando la lotería: no hacía falta pegarse un pateo de hora y media, el único sitio desde el que hacer las fotos estaba a menos de 20 minutos. Y p'allá que nos hemos ido.
Puedo decir con orgullo y satisfacción, como dice nuestro lector Juan Carlos I, que nadie ha llegado más cerca de los bilderburguers que El Mundo y L’Informatiu. Quizás tarde –la mayoría de invitados ya había llegado y no hemos podido sacar nada del otro jueves- pero nadie ha llegado más cerca. Las fotos no son mejores por culpa del zoom. Pero lo mejor no ha sido eso, sino que nos han pillado.
¡Qué momento de gloria! Los Mossos subiendo la montaña y nosotros huyendo por el camino. “Nos van a pillar”, decía Quique, “pero que se lo suden”. Y así ha sido: nos han pillado, pero han llegado chorreando. ¿Iban a silenciarnos por exponer los tejemanejes del Nuevo Orden Mundial? ¿Aparecería colgando del techo de mi habitación junto a una carta de despedida que no parecía escrita con mi letra? No, se han portado muy bien. Estaba claro que todos estábamos haciendo nuestro trabajo, así que nos han identificado y luego nos han subido en un coche con dos Mossos chicas (que no sé sin son Mossas, pero ha quedado claro que mi humor no les hacía gracia) y nos han sacado de allí. Y mientras nos llevaban a identificar hemos pasado a menos de 10 metros del Hotel Dolce. No ha servido de nada, pero voy a vivir de la anécdota hasta que mis nietos me repudien.
El buen trato recibido por unos activistas como nosotros, que luchamos por un mundo más mejor, ha sido humillante, pero al menos nos han sacado por la puerta principal para asombro –y envidia- de los becarios ahí apostados. Hemos sido el tema principal de conversación por lo menos durante 30 segundos. Próxima parada, el cielo.
PD: Al final, he pedido salsa de pimienta verde.
L'INFORMATIU EN BILDERBERG
I. Bilderberg: ¿una reunión de amigos o un asunto a tener en cuenta?
II. Bilderberg: mitos y realidades
III. Mantener la chusma a raya
IV. Los amos del mundo no madrugan
*Javier Cavanilles es periodista y reponsable del blog Desde el más allá (más o menos) en el diario El Mundo.