LA EXPOSICIÓN TIENE COMO OBJETIVO INVOLUCRAR AL ESPECTADOR. FOTOS: MARILUZ BUGALLO.
Un simulacro de exposición en el IVAM
La instalación que el artista portugués Rui Macedo ha creado expresamente para el Institut Valencià d´Art Modern (IVAM), 'La totalidad imposible', está dedicada a las dificultades y potencialidades que la pintura tiene como medio representacional, e implica al visitante como parte fundamental de la obra.
MARILUZ BUGALLO. 05 setembre 2011
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Aunque lo parezca, cuando nos situamos frente a La totalidad imposible, no estamos ante una exposición de pintura, sino ante una instalación. Ya saben, ese género del arte contemporáneo que crea un ambiente determinado con cualquier medio, para incluir al visitante y generar en él una experiencia visceral o conceptual. Con el tiempo este género artístico ha quedado asociado a la estética ordenada y diáfana del Minimal Art y sus estructuras primarias, con las que se evitaba todo tipo de ilusionismos y se buscaba representar estados de máximo orden con los mínimos medios posibles.
Rui Macedo, lejos de seguir estos presupuestos, juega con esta asociación para crear un engaño en el acostumbrado visitante de museos modernos. En vez de integrar objetos escultóricos, expone obras pictóricas en una pequeña sala de exposiciones temporales del IVAM. Con estos dos elementos, espacio y pintura investiga los problemas de la representación pictórica. Por eso su instalación es una “exposición” de pintura en la que el engaño, la alusión, la profusión, los juegos de oposiciones y perspectivas, de formas y colores, contribuyen a generar una barroquización del espacio expositivo que nada tiene que ver con la estética del Mínimal.
Sin embargo, igual que en ese movimiento artístico, el artista parte de una intencionalidad y de un proceso creativo metódico y racional inspirado en la psicología de la forma. El diseño de esta imaginativa “exposición” se basa en una planificada puesta en escena de carácter escenográfico, por donde el visitante puede realizar su tradicional ritual, dispuesto a gozar de la experiencia estética, cosa que pronto se revela difícil dado el atípico carácter de la muestra.
La “exposición” se presenta como la obra de arte, e incluye una elaborada puesta en abismo o mise-en-abîme, que imbrica una “exposición” análoga dentro del “recorrido expositivo”, cuyas paredes pintadas de rojo pompeyano aparecen cubiertas con 125 obras procedentes de la tradición pictórica, realizadas por el propio artista y colocadas sin el criterio museográfico habitual, conformando un espacio “bombonera” exuberante similar a los gabinetes barrocos, pero cuya finalidad aquí es la de perturbar la percepción del visitante, cuestionar la capacidad de representación objetiva de la pintura y la eficacia museográfica.
El resultado es una estudiada e impactante “exposición” que juega con la percepción humana en busca de efecto desorientador, a la vez que produce cierta sacudida cuyo fin es el cuestionamiento de la eficacia de la pintura como medio representacional, la posición de la mirada del visitante de museos y con ello, replantear los hábitos de la museografía moderna.
El artista propone una museografía activa que entienda al visitante como la parte fundamental de la obra y la experimentación de los márgenes de la obra pictórica, más allá de las convenciones académicas de la modernidad
Macedo divide obras emblemáticas del barroco en diferentes formatos y propone un juego de reconocimiento por todo el espacio expositivo que es en realidad, un espacio representativo, donde el hecho pictórico y expositivo se presenta deconstruido, donde la representación y la realidad aparecen superpuestas para dejar al descubierto las convenciones a las que están sometidas. La pintura no es susceptible de cánones prefijados y sus márgenes pueden dar lugar a una experimentación proteica.
En realidad, el artista luso ha realizado un simulacro de “exposición” con obras no reconocibles junto a otras de Durero y Zurbarán. Escena religiosa 2 o A partir de San Sebastián cuidado por Santa Irene, 2011, es una recreación del conocido cuadro de George de La Tour, que se expone fragmentado. Otras pinturas han sido divididas y desplazadas por el espacio expositivo. Algunas de ellas están enmarcadas por marcos pintados, mostrando así la falta de límites de la representación, pues todo es susceptible de formar parte del lenguaje pictórico. Mensaje que se repite de variadas formas en esta saturada “exposición”, donde la realidad y lo pictórico se funden por medio del trompe l´oeil para situar lo real y lo pictórico en el mismo plano poniendo a prueba nuestra percepción.
El espectador se ve inmerso y atrapado en una incongruente acumulación de géneros pictóricos, desplazados en lugares diferentes a los habituales, invitándolo a utilizar su intuición en busca de significados a través de naturalezas muertas, retratos, pinturas religiosas, paisajes que como el Surrealista incluye en un mismo cuadro la mañana, la tarde y la noche, conformando una aleatoria historia del arte, cuyos significantes dispersos aquí y allá, sirven para el reciclado de imágenes tradicionales, poniendo en crisis el sistema de representación occidental basado en la originalidad y el progreso, su autoridad y sus afirmaciones universales, ejemplificando y remitiéndonos a las premisas artísticas posmodernas, empeñada en cuestionar los principios de la modernidad.
Por otro lado, cada género cuestiona en sí mismo su propio fundamento en un juego de oposiciones de poéticas y de conceptos contrapuestos usados habitualmente en pintura, capaz de generar realidades que siempre están presentes en la representación y se filtran a través de ella, creando simulacros como representación de la realidad en el individuo contemporáneo, cuyo aprendizaje y conciencia ha sido interiorizada a través de los potentes y modernos medios audiovisuales.
Macedo realiza un despliegue inusitado de recursos y técnicas pictóricas para representar calidades matéricas, drapeados y texturas yuxtapuestas en trampantojos, su afán coleccionista abarca mucho de lo artístico acumulado a lo largo del tiempo que ha pasado a formar parte de nuestro acervo cultural y, por tanto, de la pintura contemporánea. La selección recoge la estética de fuertes contrastes del barroco, la ironía del Surrealismo, la abstracción del Hiperrealismo, conformando un catálogo de recursos, de técnicas pictóricas y de ismos que nos habla de la experimentación sobre los límites conceptuales del arte moderno, de lo inaprensible de la realidad objetiva, pero también, de la maleabilidad de la pintura y su capacidad para generar nuevas representaciones artísticas.
La acumulación de obras de arte, muchas de ellas colocadas en lugares insólitos para la museografía, supone también una vuelta a las prácticas expositivas decimonónicas tan criticadas por las Vanguardias históricas, y nos da las claves para entender el cuestionamiento que el artista realiza a los hábitos de la museografía moderna, capaz de convertir al visitante en un ser pasivo. Para entender lo que decimos basta con visitar alguna de las exposiciones de arte moderno del propio IVAM, después de ver esta instalación. El artista propone, por tanto, una museografía activa que entienda al visitante como la parte fundamental de la obra y la experimentación de los márgenes de la obra pictórica, más allá de las convenciones académicas de la modernidad.
Por otro lado, al apropiarse y recrear lenguajes ajenos, el artista concibe la obra de arte como polifonías textuales donde resuenan otras voces junto a la suya propia, en una combinación acrítica que orienta necesaria y exclusivamente hacia lo lúdico. En lo que respecta a la intertextualidad, hay que decir, que este es un recurso recurrente desde los años ochenta en el panorama artístico de la posmodernidad, elemento pues que no resulta novedoso, ni es un aporte relevante al mundo del arte, resultando incluso un elemento retardatario, si como el artista pretende se desea hablar desde la posmodernidad.
Por último, hay que reseñar una evidente e irreparable ausencia de calidad pictórica en muchas de las obras expuestas sobre todo, aquellas que reproducen anatomías humanas, retratos, y todo lo referente con la estructura compositiva, que más allá de rememorar las obras clásicas desde un punto de vista contemporáneo, denotan una falta de dominio técnico en la ejecución de la obra pictórica.
En resumen, Macedo utiliza en su obra la figuración reelaborando y combinando significantes de la historia del arte de una manera tan personal que termina por erigirse en una creación abstracta, consiguiendo dotar a su obra de ese impulso de experimentación sobre la pintura, sobre la capacidad de la intertextualidad para generar obras de arte con nuevos significados y cuestionar al mismo tiempo, aquellas limitaciones que el espacio expositivo impuso a las obras del arte moderno.
FICHA DE LA EXPOSICIÓN
Título: La totalidad imposible Artista: Rui Macedo (Évora, Portugal, 1975) Lugar: INSTITUT VALENCIÀ D´ART MODERN En colaboración con la Fundación Luis I de Cascais. Fechas: del 14 de julio al 11 de septiembre de 2011 Comisario: Salvato Telles de Menezes
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