“Argentina, aquí el mundial”. Ese grito, con su correspondiente melodía, es el primer recuerdo que yo tengo del Mundial del 78, cuando contaba con la tierna edad de seis añitos.
El mundial de Argentina, polémico donde los haya y que se celebró entre militares, dictadura y desaparecidos, fue la primera vez en la que yo recuerdo ver el balón rodar por la televisión, entre baños veraniegos y bocadillos de merienda. Y, por supuesto, a Kempes y sus maravillosos goles, quien ya por aquel entonces era ya el jugador más querido por los valencianistas de pro.
Nos gusta la selección porque, por encima de nacionalidades y política, representa al talento, al colectivo por encima de las individualidades, y, en definitiva, al trabajo bien hecho en equipo al servicio de una idea común
Los años han ido pasando y esa fiebre no ha hecho más que acrecentarse, por lo que cuando llegan estas fechas, cada cuatro años, a uno le asaltan los recuerdos de los tiempos pasados y se adivina más joven y más inocente. Tan joven que los horribles sucesos que sucedieron al amparo de la dictadura de Videla eran entonces algo ajeno y desconocido. Tanto, que uno piensa que hoy en día eso no sería posible.
A estas alturas, uno ya sabe de qué va la película y todas esas calamidades históricas, pasadas, presentes o tal vez a punto de producirse, siguen sucediendo en la actualidad. Y, queramos o no, seguirán ensombreciendo lo que el balón consigue, por momentos, hacernos olvidar.
A veces, lo que no consigue una bandera lo consigue un equipo, y el ejemplo de España, actualmente, así lo corrobora.
Nos gusta la selección porque, por encima de nacionalidades y política, representa al talento, al colectivo por encima de las individualidades, y, en definitiva, al trabajo bien hecho en equipo al servicio de una idea común. Bien podría servir de ejemplo a nuestros representantes políticos que tantas veces, separados por ideologías, himnos o los trapos de colores citados antes, hacen que se nos caiga la cara de vergüenza.
Ahora es el momento de estar unidos por el bien común. Esperemos que gane el mejor, o al menos, el que más lo merezca. Que primen esos valores que han hecho que hasta los más críticos se alegren de las victorias de la selección española de fútbol, que es, a fin de cuentas, la que de alguna manera nos queda más cercana; al menos, a día de hoy.
Que dejen su egoísmo y sus intereses personales y de partido a un lado y piensen en la mayoría de la gente que no llega a fin de mes. Únanse y déjense la piel en el campo por nosotros. En unos años recordaremos sus goles y sus victorias si así lo hacen. Parece difícil pero, como en el deporte, a veces los sueños se hacen realidad, así que cuidado con lo que sueñan.
Com si es tractara d'una història cíclica que es repetira cada huit anys, Alberto Fabra va consolidar el seu poder en el XIII Congrés Regional del PP valencià exterminant de l'aparell del partit qualsevol presència de figures afins al seu predecessor o que no li rendisquen homenatge. Camps, a diferència de Zaplana, no va assistir a la seua liquidació, i tampoc cap figura del PP estatal.
Una denúncia d’EUPV en Les Corts va fer saltar a la llum pública les enquestes que el Consell de Presidència fa al seu web. Un instrument que quasi ningú coneixia, però que en les darreres dues setmanes han desfermat una autèntica lluita simbòlica entre partidaris i detractors del govern valencià.
L'equip valencià ha tingut en els últims anys tots els vímets per a fer coses importants en l'ACB, però arriba el play-off i sembla que les cames tremolen. A Sant Sebastià, i després d'anar dominant tot el partit, va tornar a aparéixer el fantasma de les eliminatòries, eixes que l'equip només a superat una vegada de 15.