La mente humana es altamente imprevisible y compleja. El pasado martes, hacia las tres de la tarde, a la salida del trabajo y encaminada hacia la manduca de casa, me crucé por la calle Roteros con varios ex-ilustres personajes. En el primer grupo, compuesto por cuatro personas, andaban Gema Amor y Alicia de Miguel. Unos pasos detrás, en otro pequeño grupo de igual número de andarines, caminaban Diego Such y Joan Ignasi Pla, entre otros. No pude evitar girarme para comprobar si ambos grupos entraban en el mismo restaurante por casualidad, si era una quedada conjunta o si cada cual iba a su aire con puntos de destino diferentes. Y pude comprobarlo, pero el resultado de la indagación-cotilleo lo dejo abierto a que cada cual elucubre como mejor le cuadre la situación.
Por aquello de las extrañas volteretas mentales, a la que aún le sigo dando vueltas a la asociación de ideas que se produjo en mi cabeza, lo primero que se me vino al pensamiento fue que en Valencia tenemos a un/a gafe (o más). De camino a casa hice un repaso a situaciones lúdico-erótico-festivas de reciente cuño y me salió alguna que otra aportación. |