A comienzos de semana, mientras pululaba por los foros en busca de una explicación del descalabro sufrido por el Levante en los últimos dos meses, me llevé una sorpresa considerable al observar que existe un sector que centra sus críticas ya no en la elección táctica de Juan Ignacio Martínez, sus preferencias a la hora de fijar el once inicial, o el rendimiento de nuestra veterana -ahora que las cosas no van también, hay quien dice vieja- escuadra, sino de la falta de animación en el campo y de implicación de la grada.
Los aficionados de fútbol somos criaturas peculiares. No contentos con pagar año tras año para ver jugar a los nuestros, renunciando a pasar un plácido fin de semana sin preocupación alguna, nos otorgamos unas responsabilidades y obligaciones que, en ocasiones, van demasiado lejos
Los aficionados de fútbol somos criaturas peculiares. No contentos con pagar año tras año para ver jugar a los nuestros, renunciando a pasar un plácido fin de semana sin preocupación alguna, nos otorgamos unas responsabilidades y obligaciones que, en ocasiones, van demasiado lejos. Nadie me hará dejar de creer que la afición en un estadio es un factor importantísimo durante un partido, pero todo tiene sus límites. Porque, viendo los últimos enfrentamientos en Orriols, cuesta imaginar que lo que hemos estado sufriendo sobre el césped tenga relación alguna con la grada. Es difícil creer que los seguidores del fondo Alboraia sean los culpables de la falta de elaboración en el juego granota durante los últimos dos meses. Lo mismo podría decirse de los que, desde la Grada Central, comienzan a ver con desesperación los previsibles misiles que, jornada tras jornada, recibe Koné mientras equipo, club y afición esperan que el costamarfileño obre el enésimo milagro que nos permita seguir soñando.
"Como sigamos así pareceremos la afición del Getafe", afirmaba alguno, olvidando que el Getafe, sin llenar su coliseo, puso contra las cuerdas a todo un Bayern de Múnich en unas semifinales de la copa de la UEFA. Desconozco el nivel de ardor de la afición azulona, pero siempre he defendido la sensatez y la implicación de la granota. Manteniendo un discreto silencio durante determinadas fases de los partidos -algo que, por otra parte, ocurre en prácticamente todos los campos del país-, conoce perfectamente, sin embargo, su papel, alentando al equipo cuando éste más lo necesita. Quien lo haya olvidado no tiene más que hacer memoria y recordar la visita del Rayo aquella noche de 2010.
Pero parece que hay quien pretende que el Ciutat de València sea una versión española de Anfield, con nuestro You'll Never Walk Alone propio resonando sin parar durante los noventa minutos. Olvidan que esto es España, donde la cultura futbolística anda bastante lejos de la inglesa, alemana, u holandesa, y donde, salvo por notables excepciones, pocos campos son una olla a presión temida por los rivales. Ojalá llegue el día en que esto cambie, pero lograrlo no está en manos de los aficionados, sino de quienes mandan en clubes, liga y federación. Pero mientras esperamos, no nos volvamos locos ni olvidemos que la afición granota ha demostrado mil y una veces estar siempre donde se le necesita. Y que, cuando las cosas se pongan feas, lo seguirá estando. Pese a todo.
Xals - 12-02-12 - 17:11h. Completament d'acord, t'ha faltat afegir que anem al camp a "renegar i insultar"
I açò s'aplica a tot equip, jo molts cops vaig al Mestalla, i pareix que vaja al cine, menge pipes, renegue alguna cosa, xiule a qui siga i a baixar la Torre A...
No tenim eixa cultura futbolistica de la Premier, i per molt que ho intenten les grades d'animació, al final la cosa acaba en descalificaments entre aficions i passant del partit.
En altres paraules, al camp sols hi ha menjapipes renegons i idiotes insultant-se... lo d'animar..si, quan fem ocasió de gol, i gràcies
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