España brama de indignación tras conocerse la sanción que el TAS ha impuesto a Alberto Contador: dos años de suspensión (de los que solo tendrá que cumplir cinco meses, gracias al carácter retroactivo de la pena) y retirada inmediata de los triunfos deportivos y ganancias económicas conseguidas durante el último bienio. La imagen del ciclista de Pinto proclamando a los cuatro vientos su inocencia ha abierto diarios e informativos televisivos. No es para menos. El sucesor de Armstrong sobre el asfalto (y de Indurain en el corazón de los aficionados al ciclismo de estos lares) representaba la tan deseada renovación de un deporte que ha recibido varias estocadas a lo largo del último decenio que lo han dejado herido de muerte.
Mientras el ciclista es acosado hasta la náusea con controles, obligado a suscribir contratos y a decir sí sin rechistar al Pasaporte Biológico, otras disciplinas apenas reciben la presión de las Agencias Antidopaje
El dopaje es un tema espinoso y polémico, nada cómodo, que ha tenido en el ciclismo a un perfecto chivo expiatorio. Los otrora campeones del esfuerzo, glosados en los medios a base de epítetos heroicos, pasaron a ser arrinconados en el polvoriento olvido. Algunos, juguetes rotos por la sombra de la sospecha, vieron su existencia acortarse dramáticamente. Como Marco Pantani, aquel gladiador de la montaña cuya muerte, hace casi una década, golpeó al firmamento ciclista advirtiendo de lo que estaba por venir, y nos enseñó cómo el talento y la fama, incluso para los que lo atesoran en dosis industriales, son frágiles y efímeros.
Más allá del deporte de la bicicleta, el dopaje descansa en una oscura (y sospechosa) comodidad. Mientras el ciclista es acosado hasta la náusea con controles, obligado a suscribir contratos y a decir sí sin rechistar al Pasaporte Biológico, otras disciplinas apenas reciben la presión de las Agencias Antidopaje. Sospecho, y siempre lo he pensado, que hay demasiado en juego para que unos valores elevados en determinado componente químico de la sangre hagan volar a la gallina de los huevos de oro.
Coincido con los que reclaman una mayor lucha contra el dopaje. Las prácticas tramposas han de ser perseguidas y erradicadas para que el deporte recupere su sentido primigenio y su valor ético. Pero, reitero, la justicia ha de ser igual para todos. De nada vale focalizar en unos las iras y las sanciones y hacer la vista gorda con otros simplemente porque coleccionan portadas y nadan en la abundancia. Una reflexión que, por cierto, me parece igualmente aplicable a deportistas de este y otros países. Que ya empezamos a estar hartos de rancios chovinismos.
Com si es tractara d'una història cíclica que es repetira cada huit anys, Alberto Fabra va consolidar el seu poder en el XIII Congrés Regional del PP valencià exterminant de l'aparell del partit qualsevol presència de figures afins al seu predecessor o que no li rendisquen homenatge. Camps, a diferència de Zaplana, no va assistir a la seua liquidació, i tampoc cap figura del PP estatal.
Una denúncia d’EUPV en Les Corts va fer saltar a la llum pública les enquestes que el Consell de Presidència fa al seu web. Un instrument que quasi ningú coneixia, però que en les darreres dues setmanes han desfermat una autèntica lluita simbòlica entre partidaris i detractors del govern valencià.
L'equip valencià ha tingut en els últims anys tots els vímets per a fer coses importants en l'ACB, però arriba el play-off i sembla que les cames tremolen. A Sant Sebastià, i després d'anar dominant tot el partit, va tornar a aparéixer el fantasma de les eliminatòries, eixes que l'equip només a superat una vegada de 15.