No ocultaré a estas alturas de la función que Unai Emery no es santo de mi devoción. Pero mi punto de vista sólo es uno más dentro de una heterogénea masa de valencianistas. Por eso, y para seguir con la metáfora religiosa, recurriré esta vez, con tal de hacer justicia al entrenador del Valencia, a la frase con la que Jesucristo respondió al dilema de los fariseos. "Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios", así contestó, según el evangelio de San Mateo, a la hipócrita pregunta de si era lícito pagar tributos al emperador romano. Al César lo que es del César y a Unai lo que es de Unai. No he compartido la mayoría de las decisiones del míster blanquinegro ni creo que deba prolongar su contrato a partir del próximo 30 de junio. Sin embargo, después de las medidas adoptadas por el entrenador la semana pasada es justo alabar su valentía. Tardía, pero gallardía al fin y al cabo. Durante dos años y medio se ha echado en falta mano dura en el vestuario del Valencia. Ahora, por fin, el irresponsable Miguel Brito ha sido apartado del equipo después de su enésimo acto de indisciplina. Fiestas nocturnas -incluidos el altercado con un revólver de por medio en Lisboa y el que acabó en 'Café Cantante' con su paisano Manuel Fernandes en el calabozo-, y retrasos en los entrenamientos para peligro de los viandantes en su camino a la Ciudad Deportiva. Y, por fin, el Chori Domínguez ha visto como faltar el respeto al entrenador o a su segundo tiene un precio no sólo económico. |