No es algo que haya ocultado: yo creo en Europa. Me costó lo mío, acostumbrado a no creerme las victorias hasta verlas negro sobre blanco en los periódicos del lunes. Pero llegó un momento en que negar la realidad era de locos: teníamos un sistema sólido, hacíamos un fútbol delicioso -dentro, siempre, de nuestras limitaciones-, y los resultados acompañaban. Vaya si lo hacían.
Pero era inevitable un bache: de lo contrario, Mourinho no sólo tendría que preocuparse de cómo frenar a su archienemigo barcelonés. Pero llegó, y con fuerza: ocho puntos en diez partidos que han terminado por preocupar, y mucho. Afortunadamente, en La Mejor Liga Del Mundo nadie, más allá de las versiones patrias del Rangers y el Celtic, parece dispuesto a dar un golpe de autoridad, y el Levante ha podido vivir de rentas durante diez largas jornadas en las que, pese a caer derrotado en seis partidos, no ha salido -y se dice pronto- de los cuatro primeros puestos europeos.
Considerar buenísimo un punto obtenido ante un rival que apenas había logrado rascar once puntos en toda la primera vuelta no casa con esa fe ciega que nos hizo tumbar al Real Madrid, arrasar el Madrigal, acomodarnos en puestos europeos y alcanzar fases impensables en la Copa
El problema cuando aflojan los de arriba es que aprietan los de abajo, y, sin apenas darnos cuenta, la zona de descenso se ha acercado, poco a poco, cuatro puntos más, dando vida a los euroescépticos que, alarmados por quienes aspirábamos -con números en la mano- a algo más que no sufrir, nunca dejaron demasiado lejos el manido yunque de la adversidad. Y, también poco a poco, ha ido ganando fuerza un acercamiento conservador y conformista a lo que resta de temporada: “Todo ha sido muy bonito, pero somos el Levante. A por los 45 puntos, y a otra cosa.”
Mi compadre José Luis García Nieves ya señalaba la pasada semana la posible salida a esta crisis: volver a los fundamentos que nos han llevado hasta la cima: sentido colectivo y fe ciega en lo imposible. Yo lo comparto, letra por letra y punto por punto, y estoy convencido de que así también la inmensa mayoría de la parroquia granota. Sabemos qué es lo que nos ha traído hasta aquí, y sabemos hasta dónde podemos llegar si seguimos por el mismo camino.
Por eso, el mensaje transmitido por Juan Ignacio Martínez tras el empate ante el Zaragoza ha sido un golpe para la moral de nuestra hinchada. Considerar buenísimo un punto obtenido ante un rival que apenas había logrado rascar once puntos en toda la primera vuelta no casa con esa fe ciega que nos hizo tumbar al Real Madrid, arrasar el Madrigal, acomodarnos en puestos europeos y alcanzar fases impensables en la Copa. Es, además, una actitud peligrosa: sin mayor aspiración que pasar un final de temporada plácido y sin sobresaltos, corremos el riesgo de terminar, precisamente, sufriendo a última hora. Mejor no olvidar que la pasada temporada, antes del infame empate ante el Sporting de Preciado, el Levante, con cuatro partidos por delante, estuvo a seis puntos de Europa. El agónico final en Mestalla lo recordamos todos.
Este semana, el infalible Héctor Conesa y su equipo publicaban un magnífico vídeo motivador con la afición como objetivo: sin ti no podemos reinar. La recepción ha sido abrumadoramente positiva: la grada siempre agradece cualquier reconocimiento a su desinteresada -y, demasiadas veces, infravalorada- aportación. Pero todos, del primero al último, esperamos que este mensaje se plasme el domingo sobre el campo. Porque el conformismo no sirve. Para poder reinar, primero, hay que querer ser rey.
Milers de persones, la majoria joves, prengueren el centre de València durant la vesprada d’ahir en rebuig de la repressió policial i per un sistema d’ensenyament públic i de qualitat, i demostraren que, sense la presència d’antiavalots, els incidents no existeixen.
24 hores després de les violentes càrregues policials de dilluns, tant els responsables de l'administració com els representants socials i polítics van centrar l'atenció i les crítiques —intencionadament o per distracció— en la gestió de les protestes, oblidant que l'origen d'estes segueix viu.
En un gest sense precedents recents, el Comitè d’Empresa de RTVV denuncia en un comunicat la “manipulació informativa” exercida per l’ens públic en el tractament de les notícies sobre les protestes estudiantils a València.