Aviso al amigo lector: escribo estas líneas ignorando el resultado del València-Barça, que este jueves llena portadas de diarios y colecciona minutos de radio y televisión. Mientras doy a la tecla miro de reojo el reloj, que avanza lentamente hacia la hora marcada. Dentro de un instante buscaré, en pleno territorio comanche, un rincón desde el que animar a mi equipo en su penúltimo asalto antes de la (anhelada) final copera. Así que no esperen de esta columna un sesudo análisis sobre el qué y el cómo del encuentro de ayer. Para conocer esos detalles, nada mejor que la, como siempre, excelente visión postpartido que ofrecen los cronistas de l'Informatiu.
Practicar el valencianismo futbolístico en Barcelona es relativamente cómodo y sencillo, al menos hasta las horas previas al enfrentamiento entre unos y otros: la aureola mediática que envuelve al club culé lleva, con frecuencia, a olvidar al rival de turno hasta el mismo día del partido
Les decía que trataré de encontrar un hueco en territorio hostil desde el que seguir el partido, si bien la es más una metáfora que una realidad palpable. Practicar el valencianismo futbolístico en Barcelona es relativamente cómodo y sencillo, al menos hasta las horas previas al enfrentamiento entre unos y otros: la aureola mediática que envuelve al club culé lleva, con frecuencia, a olvidar al rival de turno hasta el mismo día del partido. Del València se ha hablado lo justo esta semana entre el Besòs y el Llobregat: apenas unas líneas de periódico nos recordaban hoy el interés del club culé por Jordi Alba. El resto, ya se sabe: autocrítica tras el encuentro de Vila-Real, renovación de Cuenca, espíritu de la Masia y elogios a Guardiola. Y una dosis de Mourinho, que nunca viene mal para embravecer a unos y otros.
Hace unos años, me cuentan, las cosas no se tomaban tan a la ligera cuando un València-Barça se atisbaba en el horizonte. Pronunciar el nombre del equipo blanquinegro hacía estremecerse a aficionados y periodistas. Aquel València construido sobre la base del ruinoso último equipo de la era Roig, moldeado por Claudio Ranieri y con Claudio López como gran estilete, hizo trizas durante un largo lustro al conjunto culé. Las galopadas del argentino y sus disparos secos agujerearon, al mismo tiempo, las redes y la moral del Barça y condujeron a la última etapa de gloria del València.
Cuando dentro de un momento acuda al bar de turno para ver el partido, rodeado de culés por todas partes, me encomendaré secretamente al espíritu del 7, aquel desgarbado y trotón argentino que se hizo presente en las pesadillas del universo blaugrana y condujo, balón en ristre, al València por la senda de los triunfos. Y desearé que esta columna, escrita con un optimismo a prueba de obuses, no haya perdido un ápice de ilusión al final del encuentro.
Com si es tractara d'una història cíclica que es repetira cada huit anys, Alberto Fabra va consolidar el seu poder en el XIII Congrés Regional del PP valencià exterminant de l'aparell del partit qualsevol presència de figures afins al seu predecessor o que no li rendisquen homenatge. Camps, a diferència de Zaplana, no va assistir a la seua liquidació, i tampoc cap figura del PP estatal.
Una denúncia d’EUPV en Les Corts va fer saltar a la llum pública les enquestes que el Consell de Presidència fa al seu web. Un instrument que quasi ningú coneixia, però que en les darreres dues setmanes han desfermat una autèntica lluita simbòlica entre partidaris i detractors del govern valencià.
L'equip valencià ha tingut en els últims anys tots els vímets per a fer coses importants en l'ACB, però arriba el play-off i sembla que les cames tremolen. A Sant Sebastià, i després d'anar dominant tot el partit, va tornar a aparéixer el fantasma de les eliminatòries, eixes que l'equip només a superat una vegada de 15.