Siempre he pensado que el fútbol es un estado de ánimo. Que los grandes equipos se construyen con los cimientos de una táctica adecuada, unos futbolistas en estado de gracia y una cierta dosis de fortuna, pero, sobre todo, se edifican sobre un estado de ánimo, cercano a la euforia, que arrastra hacia la victoria. El Valencia de Benítez, por ejemplo, no era el conjunto que poseía los mejores jugadores en su época, pero entró, desde la primera temporada del preparador madrileño, en un estado de ánimo alegre que lo llevó en volandas a ganar dos ligas y una Copa de la Uefa. El Valencia de Quique, por el contrario, tenía mejores individualidades, pero transmitía tristeza.
Las cosas de la vida también tienen que ver con los estados de ánimo. Uno puede afrontar días llenos de trabajo, estrés, preocupaciones y problemas personales desde muchos puntos de vista, pero, si lo hace extrayendo lo positivo de cada una de esas cosas, el sufrimiento, el cansancio y la injusticia de los acontecimientos pueden transformarse en alegrías.
Llevo una semana de esas que no le deseo a nadie, trabajando hasta 16 horas diarias y con un alto nivel de presión sobre mi cabeza. Es lo que tiene formar parte del equipo de organización de un festival de cine. Cuando arranca un evento de estas características, uno se expone a tantas cosas que resulta difícil dominarlas todas. Yo, además, tengo un talante depresivo y una cierta tendencia a ver las cosas más negras que blancas. Pero, en esta ocasión, aunque se me multiplican los problemas personales para reforzar el estrés laboral, no me ha dado por deprimirme. Supongo que veo la realidad con un temperamento mucho más alegre y percibo más la solidaridad de mis compañeros o el interés del público en nuestro trabajo que los cientos de obstáculos que hay que franquear para llevarlo a cabo.
Uno puede afrontar días llenos de trabajo, estrés, preocupaciones y problemas personales desde muchos puntos de vista, pero, si lo hace extrayendo lo positivo de cada una de esas cosas, el sufrimiento, el cansancio y la injusticia de los acontecimientos pueden transformarse en alegrías
Anoche en Mestalla se juntaron estos dos estados de ánimo en un partido soñado. Hace un par de días, comí con el director italiano Andrea Molaioli, realizador de “La ragazza del lago”, película que proyectamos en la Mostra. Andrea ha venido a Valencia con su mujer y sus dos hijos, dos chavalines muy graciosos que son tifosi de la Roma. Durante la comida hablamos de fútbol y me confesaron su intención de ver un partido del Valencia. Hablé con el club y su director de comunicación puso a disposición del festival cuatro entradas de tribuna para que Andrea y su familia pudieran ir al fútbol. Mis compañeros organizaron el operativo para que los Molaioli fueran a Mestalla y yo mismo los acompañé hasta la puerta de entrada a sus localidades.
Ayer fui feliz no sólo porque el Valencia hizo el mejor partido de esta temporada con mucha diferencia, porque Mestalla rescató su vieja tradición de estadio que transmite energía a los jugadores o porque la goleada asegura, salvo catástrofe, el tercer puesto en la tabla, repetir título de campeón de la otra liga. Fui feliz porque imaginé a esa familia italiana disfrutar de un espectáculo extraordinario, el mejor que se ha visto en años en el coliseo valencianista, y, en el fondo de su corazón, pensar que un festival de cine en el que trabajo les había dado la oportunidad de vivir algo que no olvidarán en la vida. Los Molaioli seguirán tifando por la Roma, pero estoy seguro de que, desde ayer, se alegrarán cada vez que vean en su país un triunfo del Valencia.
Com si es tractara d'una història cíclica que es repetira cada huit anys, Alberto Fabra va consolidar el seu poder en el XIII Congrés Regional del PP valencià exterminant de l'aparell del partit qualsevol presència de figures afins al seu predecessor o que no li rendisquen homenatge. Camps, a diferència de Zaplana, no va assistir a la seua liquidació, i tampoc cap figura del PP estatal.
Una denúncia d’EUPV en Les Corts va fer saltar a la llum pública les enquestes que el Consell de Presidència fa al seu web. Un instrument que quasi ningú coneixia, però que en les darreres dues setmanes han desfermat una autèntica lluita simbòlica entre partidaris i detractors del govern valencià.
L'equip valencià ha tingut en els últims anys tots els vímets per a fer coses importants en l'ACB, però arriba el play-off i sembla que les cames tremolen. A Sant Sebastià, i després d'anar dominant tot el partit, va tornar a aparéixer el fantasma de les eliminatòries, eixes que l'equip només a superat una vegada de 15.