Lo más parecido al Gran Hermano que imaginó Orwell no es el programa del mismo nombre que encierra en una casa a poligoneros, juanis y garrulos de diversa condición bajo la supuesta vigilancia de decenas de cámaras. El verdadero Gran Hermano se da en las retransmisiones deportivas, un terreno en el que nadie está a salvo de la mirada espía de la televisión, como en esa leyenda que se puede ver en el Metro de Madrid y que afirma que miles de cámaras velan por tu seguridad.
TVE no se atrevió en esta ocasión a silenciar los pitidos contra el monarca en Bilbao, después del chaparrón que soportó en la final de la misma competición diez meses atrás
Esta semana lo he comprobado en dos acontecimientos deportivos. En la Copa del Rey de baloncesto, TVE no se atrevió en esta ocasión a silenciar los pitidos contra el monarca en Bilbao, después del chaparrón que soportó en la final de la misma competición diez meses atrás. Pero, pese a su cobertura, dejó escapar algo. En uno de los descansos del partido, un energúmeno madridista que participaba en un concurso de tiros libres entre aficionados de los dos finalistas se dedicó a mostrar sus habilidades dactilares a los seguidores del Baskonia: primero les enseñó el dedo corazón; luego, a la vez, el índice y el meñique, y, por fin, utilizó todos los de una mano para tocarse la entrepierna, el lugar en el que se supone que tenía los genitales pero que, dado su aspecto, deduje que albergaba su cerebro. El incidente no lo emitió TVE, supongo que por falso pudor o vergüenza ajena, pero se puede rescatar en la página de Tubasket.
La otra cara de la moneda la vi el viernes cuando Cuatro reprodujo, en un extenso reportaje, los incidentes del partido de la Europa League entre el Athletic y el Anderlecht. Hasta el informe de la futura cadena filial de Tele 5, lo único que había visto era a belgas y vascos dándose de hostias en una pelea más bien barriobajera. Pero Cuatro mostró el lado más escatológico de la bronca: el descerebrado que se dedicaba a mear sobre los seguidores del Anderlecht recordándoles que el Manneken Pis no está en Bruselas, sino en Bilbao. Cuatro emitió las imágenes de la vergüenza con el mismo criterio que TVE omitió las del mago de los dedos en el baloncesto. Lo que indica que, por muchas cámaras que haya velando por la seguridad, la última palabra siempre la tiene el jefecillo de turno, el que piensa por los demás y decide qué podemos ver y qué no.
Com si es tractara d'una història cíclica que es repetira cada huit anys, Alberto Fabra va consolidar el seu poder en el XIII Congrés Regional del PP valencià exterminant de l'aparell del partit qualsevol presència de figures afins al seu predecessor o que no li rendisquen homenatge. Camps, a diferència de Zaplana, no va assistir a la seua liquidació, i tampoc cap figura del PP estatal.
Una denúncia d’EUPV en Les Corts va fer saltar a la llum pública les enquestes que el Consell de Presidència fa al seu web. Un instrument que quasi ningú coneixia, però que en les darreres dues setmanes han desfermat una autèntica lluita simbòlica entre partidaris i detractors del govern valencià.
L'equip valencià ha tingut en els últims anys tots els vímets per a fer coses importants en l'ACB, però arriba el play-off i sembla que les cames tremolen. A Sant Sebastià, i després d'anar dominant tot el partit, va tornar a aparéixer el fantasma de les eliminatòries, eixes que l'equip només a superat una vegada de 15.