Números y más números. Le he dado vueltas a la cabeza antes de ponerme a darle al teclado y no recuerdo una época valencianista más numérica que la actual. La cifra, la estadística anda ligada con el entrenador del Valencia, Unai Emery, y con su equipo. Desde que llegó al club en el verano de 2008 los logros del vasco se resumen en términos matemáticos: Desde el récord del mejor arranque de la historia hasta los diez partidos invicto del momento actual, pasando por la encrucijada de los sistemas, en la que él solo se ha metido. A principios de año el entorno daba por segura la no continuidad del exjugador de la Real Sociedad. Ahora, en cambio, vuelve a reabrirse el debate sobre una posible renovación condicionada a los objetivos.
El Valencia continúa en tercera posición. No es que el 3 sea un dígito feo, pero como todos los demás es frío y no dice nada por sí solo. El otro día los aficionados abandonaron el estadio con cabreo y hastío. Después de charlar con unos cuantos, en las horas posteriores al Valencia-Sporting, cada vez me queda más claro que el valencianismo se está cansando de las cifras y que ha aprendido a valorar las sensaciones. Se puede decir que la afición de Mestalla es ya más sensacional que resultadista. Y lo ha hecho a la fuerza, a la fuerza de no ver al equipo competitivo, aguerrido y ganador de tiempos pasados. A pesar de las victorias anteriores en los últimos minutos, la satisfacción no era ni mucho menos plena. Para más inri, el sábado se quedó sin la emoción final del gol, sin la vidilla del suspense. "Y nos piden que animemos, bastante hacemos con mantenernos despiertos", me contaba un amigo valencianista con una acertadísima ironía.
Ojalá que por el bien de nuestro fútbol haya de aquí al final más equipos como el Athletic de Joaquín Caparrós, que salgan al ruedo sin temores, cuando se trate de enfrentarse a Barça Madrid y no como hace el resto, como corderitos degollados de antemano
Entre número y número el valencianista tampoco sabe cuál es la combinación por la que ha apostado su entrenador. Ni rastro de un sistema. El clásico 4-2-3-1 derivó por petición popular al 4-4-2 con tal de juntar a sus dos delanteros: Soldado y Aduriz. Pero, a partir de ahí deformidades en función del rival: 4-3-3, 5-4-1, 4-4-2 con rombo, etc... Mientras, el entrenador se empeña en defender que su Valencia sí tiene una identidad, aunque parece imposible sin una forma de juego establecida por encima de lo que vaya a hacer el contrincante de turno y sin formar un bloque que transmita seguridad. Frente al Sporting, Emery cumplió 100 partidos como técnico del equipo y un dato es revelador en la comparativa con Benítez: Cuando llegó al centenar el equipo del madrileño había recibido 40 goles menos que el actual. Además, y el 'además' es importante, ya tenía una Liga.
Manuel Llorente tendrá que dilucidar en breve el futuro del banquillo. Como escribí hace semanas, el ciclo Emery parece agotado. En dos temporadas y media cumplió el objetivo de clasificar al Valencia la pasada campaña para la Champions, pero nada más. El resto es de sobra conocido: Tres eliminaciones en la Copa, una final perdida en la Supercopa y una eliminación más en el Liga Europa. Resta por ver qué hará en la presente Champions -confío en pasar a los cuartos- y en la Liga, competición que ha perdido la competitividad de antaño. Ojalá que por el bien de nuestro fútbol haya de aquí al final más equipos como el Athletic de Joaquín Caparrós, que salgan al ruedo sin temores, cuando se trate de enfrentarse a Barça Madrid y no como hace el resto, como corderitos degollados de antemano. Sigo en mis trece de que esta Liga ha perdido mucho más por abajo y por el medio de lo que muchos dicen que ha ganado con Messi o Cristiano.
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