Recibo un mensaje que me deja aturdido y paralizado en una mañana gris que no deja lucir al sol. La vida pasa como un suspiro, cayendo como una pluma al son de los vaivenes del destino y de la suerte; a veces nos sonríe y a veces se burla de nosotros.
“Chato, el del taller, ha decidido pasar a mejor vida”, me cuenta mi amigo Jose, y su desaparición se me atraganta, porque, al igual que los protagonistas de las películas que marcan época, los personajes carismáticos de cada pueblo nunca mueren. |