Me han contado que la música de Black Eye Peas se encarga de poner a tono a la plantilla del Valencia minutos antes de los partidos. Y que ese superéxito titulado I've got a feeling suena a todo trapo en el autobús del equipo. Me gusta el tema. Tiene ritmo. Y animaría a cualquiera. Además, la letra, en esencia, debe irle bien a cualquier equipo que trate de ponerse en situación antes de un encuentro: “Tengo la sensación de que esta noche va a ser una gran noche”, dice. Obviamente, no habla de fútbol, más bien habla de la farra que está dispuesto a pegarse un puñado de amigos, una noche cualquiera en que lo darán todo por que la fiesta no decaiga. No está mal. Es uno de esos gestos utilizados en el fútbol moderno como parte de la motivación del futbolista.
Como mensaje puede irle bien al Valencia y a sus jugadores, que quizá últimamente tienen más problemas de los deseados para encontrar razones para estar lo suficientemente motivados, concentrados, atentos e ilusionados. De nuevo, vuelve a faltar la competitividad a la que tanto hizo referencia el técnico Unai Emery el curso pasado. Pero, ¿de quién depende la competitividad, la ilusión y la motivación de un equipo? He aquí uno de esos debates eternos a los que nunca se encuentra respuesta.
Todo suma. Y ello obliga a que los opinadores tengamos muy difícil hacer afirmaciones categóricas.
¿Necesita un profesional así de una motivación extra más allá de la satisfacción propia del trabajo bien hecho, y por ende del reconocimiento mundial en tanto que estrella de fútbol? ¿Es tarea del entrenador en tanto que voz de mando y uno de los líderes naturales de un grupo la motivación del mismo? ¿Basta con una canción a todo volumen? ¿Quién es responsable de la falta de concentración y actitud de un equipo los 90 minutos del juego? ¿Cabe distinguir entre titulares y suplentes, entre futbolistas en estado de gracia y jugadores necesitados de confianza por falta de minutos? Creo que no tengo LA RESPUESTA.
Uno de los grandes atractivos del fútbol como deporte es, en primer lugar su imprevisibilidad -no siempre gana el mejor, no siempre gana el que más lo merece- y, en segundo, el elevado número de factores que intervienen en el juego y en el resultado. No basta con la potencia o la dureza. No siempre gana la mejor táctica. Ni un partido lo resuelven siempre los jugadores más técnicos. Todo suma. Y ello obliga a que los opinadores tengamos muy difícil hacer afirmaciones categóricas.
“Si Unai Emery no logra sacar el rendimiento exigido a una de las mejores plantillas del Valencia de los últimos años, y una de las mejores de la Liga, colocando al equipo entre los mejores de Europa, habrá fracasado”, me atrevería a afirmar. Ese rendimiento mínimo, u óptimo, como quieran, debería haber pasado ya por dar al cara en la Copa del Rey, competición de la que el equipo se borró demasiado pronto. Y pasa, también, por dar la cara en Europa. Pero toda la responsabilidad no puede recaer siempre en el técnico, que se equivoca, claro. Pues él define el once, él debe saber gestionar los egos y los egoísmos, y también la falta de autoestima de otros.
Pero las estrellas, y este equipo tiene unas cuantas, deben de mostrar ahora sus galones y trabajar por el colectivo, incluido el entrenador. Que Silva no se autoexpulse en una acción pueril e inútil. Que Pablo y Joaquín no miren de reojo al banquillo y lleven siempre las pilas cargadas. Que Miguel sepa anteponer su calidad a su desdén. Que nadie tolere más casos como los de Vicente o Fernandes, en que la apatía gana al fútbol. Que futbolistas como Maduro no se quejen por jugar donde no les gusta, que agradezcan tener minutos. Que el nosotros gane al yo, porque eso hará mejores a cada uno. No soy la única que duda de la capacidad de este entrenador para exprimir todo el zumo a estos jugadores -las dudas de otros pesarán más que las mías en el futuro del equipo-, pero que ellos entiendan que la responsabilidad es compartida. Que canten todos juntos para que la fiesta no decaiga. Que la farra aún puede ser de aúpa.
Després que les primeres mobilitzacions dels docents valencians no arribaren a la participació esperada, hui, a la vaga general de l’educació espanyola, s'espera tot el contrari. Tot apunta que milers de professors i estudiants valencians s’uniran a la mobilització contra les retallades del govern central.
Després de huit anys d'haver rebut la presidència de Bancaixa com a premi al seu fugaç pas per la presidència de la Generalitat, José Luis Olivas es va acomiadar ahir del càrrec deixant l'entitat en la ruïna i sense cap vinculació valenciana. En el seu discurs de comiat va demanar perdó, encara que sense matisar per què, i sembla que no va despertar tant d'entusiasme com uns altres.
València acull des d'ahir la segona edició de PhotOn, el festival internacional de Fotoperiodisme impulsat per un grup de fotoperiodistes valencians que, a més de reivindicar en ell el paper social del seu treball, han aconseguit demostrar com, fent les coses bé i no solament a colp de talonari, València pot albergar importants cites culturals.