Un amigo me recomienda que escriba sobre Islandia. Sobre su revolución. Las revueltas, le respondo, vienen de más al Sur: de Túnez, de Egipto, de Marruecos, de Libia… De Islandia, lo que más me suena, es la erupción de ese volcán de nombre impronunciable, que dejó varada a media Europa y cuyo nombre rescato gracias a Google. Eyjafjallajokull se llamaba, pero sus intempestivas cenizas, las más célebres de la historia de los telediarios, pasaron ya a la historia, afortunadamente.
Lo que casi no ha aparecido en ellos, comparado con el fenómeno natural, es lo que se está acuñando como “la revolución silenciada”, de Islandia. La de Islandia ha sido una revolución social provocada por una banca que dejó a esta isla democrática de 300.000 habitantes con una deuda equivalente al PIB de más de ocho años. Ante esta situación, las protestas ciudadanas (a cacerolada limpia) provocaron la caída del primer ministro, el conservador Geir H. Haarden, y de todo su gobierno. |